Pandemia, salud y feminismo: testimonio de la experiencia de las Brigadas Cecilia Grierson.

Pandemia, salud y feminismo: testimonio de la experiencia de las Brigadas Cecilia Grierson. 

La pandemia trajo consigo, además de tragedias y dolores para los pueblos del mundo, la desnaturalización forzada de múltiples dimensiones de la vida social que se encontraban invisibilizadas en un cotidiano de opresiones.

Por Camila Recofsky (@recocami) y Guadalupe Viñuela Flores (@guadalupevinuelaflores)

El feminismo hace décadas viene denunciando que somos  las mujeres y feminidades quienes en nuestros hogares cotidianamente sorteamos los desafíos de la multiplicidad de trabajos, responsabilidades y tareas: mujeres que sostienen sus trabajos o salen en busca de ellos, mientras crían a sus hijos y se responsabilizan de las tareas del hogar como la limpieza, el orden, la salud y la educación. Esto quedó evidenciado durante los meses de ASPO y DISPO, en donde todas esas dimensiones se encontraban en un mismo espacio físico-temporal. Como es de costumbre ha sido peor para las mujeres y feminidades de los sectores populares que tienen que afrontar todas las consecuencias de no contar con viviendas dignas y servicios esenciales como el agua, la luz, el gas y, particularmente en tiempos de virtualidad forzada, internet.  

Desde el trabajo militante y solidario de las Brigadas Cecilia Grierson durante todos estos meses en los barrios, hemos podido ser testigos de cómo estas mismas mujeres rompen las barreras de lo preestablecido, transformando lo individual en colectivo, desde maternidades compartidas, hasta ollas populares y creación de redes de escucha, contención y ayuda. A esto se le suma el rol fundamental de la militancia de los movimientos sociales, organizaciones políticas y trabajadores de la salud comunitaria que han funcionado como nexo entre el territorio y el Estado para paliar las consecuencias que acarrea la crisis económica, social y sanitaria sobre los derechos del pueblo argentino. Crisis que sabemos se ha visto profundizada por la pandemia, pero que es producto de las políticas neoliberales perpetradas a lo largo de la historia de nuestro país, y particularmente por el último gobierno de la alianza CAMBIEMOS. 

 

Empujadas al confinamiento del ámbito de lo público a lo privado por cuestiones de seguridad sanitaria, nos hemos encontrado a su vez con que para muchas mujeres el hogar no es sinónimo de resguardo sino el escenario de múltiples agresiones y violencias. Sobre este punto, las redes vinculares que se construyen en los barrios populares desde el cuidado y la sororidad, resultan protagonistas en la batalla contra la violencia de género. Esto sin olvidar que resulta fundamental construir la articulación de estas redes de cuidado comunitario con redes institucionales de los distintos ámbitos del Estado como el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de PBA, las áreas de género en los municipios, los centros de salud comunitaria y las escuelas públicas. Aún así todo esto resulta insuficiente cuando nos encontramos con el recrudecimiento de los crímenes de femicidios, que nos han quitado 47  hermanas, amigas, compañeras, en los primeros 2 meses de este 2021. Resulta insuficiente cuando nos encontramos con una justicia patriarcal e ineficiente que tarda meses en brindar medidas de protección o avanzar contra los incumplimientos de las mismas, una justicia que naturaliza las amenazas de muerte y  responsabiliza a las mujeres de ser golpeadas, violadas e incluso, por más descabellado que parezca, de ser asesinadas.  

 

Una justicia que se niega a recibir la capacitación de la Ley Micaela y que ha sido cómplice, en gran parte, de las políticas de vaciamiento de un gobierno profundamente machista y neoliberal, que no solo fugó divisas de nuestro país, sino que desmanteló las políticas públicas en educación y  salud, que privatizó herramientas de atención y contención a personas en situación de violencia de género, como ha sido la Línea 144 en PBA bajo el gobierno de Vidal, entre muchas otras cosas. Es por esto que este 8M las mujeres, lesbianas, travestis y trans exigimos una urgente reforma judicial feminista popular y la declaración de la emergencia en violencia de género. 

 

Sostenemos en nuestra agenda de lucha también el desafío que nos presenta en los territorios la conquista del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, respecto de la articulación entre las consejerias pre-post aborto y los hospitales provinciales. Un elemento fundamental para esta tarea tiene que ver con el rol que necesitamos que cumplan los centros de salud que se encuentran en nuestros barrios, que efectivamente sean lugares en dónde se brinde la información y el asesoramiento necesario para que todas las personas gestantes puedan acceder al aborto legal, seguro y gratuito si así lo desean.  

 

En síntesis, resulta necesario y urgente la construcción de más y mejores políticas públicas en la materia, que nos permitan articular entre las distintas herramientas del Estado, entendiendo que el abordaje de las diversas violencias que sufrimos las mujeres, lesbianas, travestis y trans necesariamente tiene que darse desde un entendimiento integral: desde la dimensión económica-laboral, hasta educativa, cultural y de salud. Sabemos que para esto es necesario, no solo voluntad política y organización militante, sino también recursos invertidos en el territorio. 

Comentarios sobre “Pandemia, salud y feminismo: testimonio de la experiencia de las Brigadas Cecilia Grierson.

  • 9 marzo, 2021 at 6:38 pm
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    Soy voluntaria y no esty en ningún partido político se q mucho n tiene q ver este comentario pero muchos cuentan con becas y somos más los q trabajamos los q n cobramos nada estaría muy bueno darle la posibilidad a nosotros los voluntarios de tener una ayuda muchas gracias

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