El imperio, entre la tragedia y la farsa: De la guerra de secesión a la toma del Capitolio

El imperio, entre la tragedia y la farsa : De la guerra de secesión a la toma del Capitolio 

Luego de las imágenes surrealistas de los seguidores del ex presidente de los EE.UU. tomando el capitolio (con el saldo de 5 vidas) éste amaneció con miles de soldados durmiendo en su interior, custodiando la toma del poder tras un intento de golpe de estado, apoyado en la farsa de un supuesto fraude. Tropas volvieron a dormir en el capitolio, al igual que 160 años atrás, cuando la guerra desatada entre el norte industrial y el sur esclavista rural amenazaba con librarse en ese espacio de representación del poder formal. La idea de un país , con la esclavitud como ley, era la utopía de cierta élite conservadora, bajo una cultura que sigue enraizada en la Norteamérica profunda. 

Por Joaquín Garcia Castellanos (@joacogarciac) 

La era Trump llega a su fin con una crisis institucional poco antes vista en los EE.UU, pero a su vez ( y paradójicamente) muy buscada desde ese espacio político,  como corolario de una derrota en las urnas nunca asumida. 

Donald Trump llegó a la presidencia apoyado en la AltRight (Derecha Alternativa) cuyas profundas raíces se remontan al viejo clivaje Norte / Sur; Pero no solo la américa rural blanca y propietaria votaron por Trump, atendiendo a la configuración ideológica del espacio, impulsada en las promesas de resguardo del empleo americano en contra de la globalización, calaron profundo en el “cinturón oxidado” de la norteamérica industrial, seduciendo a parte importante de la clase trabajadora en general, que no se veía representada en el neoliberalismo demócrata. 

En medio de su gobierno, sucesivamente se han hecho públicas muertes violentas de afroamericanos a manos de la policía blanca, dando lugar al movimiento Black lives matter BLM que cuestionó ese legado y presente racista.

Trump perdió , pero la Alt – Right seguirá existiendo como emergente de ese sector de la sociedad que se mueve al compás de la cultura profunda norteamericana, liberalismo económico,  aislamiento y unilateralismo político internacional , chovinismo, racismo y armas. 

Los tiroteos en escuelas, la policía del gatillo fácil, el ataque en Oklahoma y más recientemente la toma de edificios de gobierno en contra de las cuarentenas por personas armadas, son reflejo de algo que parece estar en el ADN de la norteamérica central. Esto no va a terminar, más bien recién empieza dicen los miembros de la Alt – Right, parte de los 75 millones de votos que lo apoyaron. 

Las últimas elecciones en EE.UU., en un sistema bipartidario que tiende al centro para no perder votos, produjo una anomalía, presentarse como un extremo, a Donald Trump le significó tener que hablar de su contrincante como socialista o comunista, obligándolo en el debate presidencial a tener que negarlo constantemente. Sin embargo, que un candidato apelara a la extrema derecha le significó al sistema político un sacudón que por primera vez dejaba a un político de centro izquierda cerca de lograr la nominación demócrata , Bernie Sanders hizo unas excelentes primarias a pesar de haberlas perdido, y por poco. Pero dio la posibilidad de instalar temas sensibles como el acceso universal a la salud o la educación pública y gratuita.

Mientras que el mercado, parte del establishment y los medios de comunicación, ya habían apostado por el centrismo de Biden. Los demócratas , apoyados en las ciudades costeras, en las urbes , en los profesionales y las clases medias más educadas, lograron evitar la reelección de Trump. Sin dudas, fue la pandemia y el desmanejo de la administración Trump para enfrentarla quien le negara la continuidad en el poder. Hasta antes de la pandemia, EEUU había recuperado el pleno empleo y la quita impositiva hacía pensar en una fácil reelección, a pesar de estar enfrentado a los medios, el Covid19 lo cambió todo. Minimizar la situación con un Estado ausente, morgues improvisadas en camiones, testeos impagables y el enfrentamiento de los gobernadores convirtieron a EE.UU. en un caos sin respuestas. 

Y una vez que el establishment vio que Sanders quedaba fuera de la contienda y Biden se encaminaba al triunfo, la euforia en los mercados recuperó todo lo que perdió en marzo con la irrupción de la pandemia,  rompiendo todos los récords históricos en las empresas tecnológicas (índice Nasdaq). El desempleo demuestra en última instancia quien paga las consecuencias.

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Por su parte los grandes sindicatos han apoyado a Biden, salvo el sindicato de bomberos, abiertamente seguidores de Trump y la policía de Nueva York, todo el arco sindical se ha opuesto a sus políticas, sin embargo esto casi nunca llegó a las calles. Algunos sindicatos han apoyado el movimiento Black Lives Matter (cuyas manifestaciones ganaron las calles) solo de forma discursiva.

Las redes sociales han sido instrumentos del Trumpismo para desatar la toma del capitolio, con su mensaje de “peleen como en el infierno” y las continuas denuncias de fraude, agitó a sus seguidores hacia la insurrección. Esto desató un apagón digital a todas sus cuentas, no sin generar polémica. Incluso voces de la izquierda se han manifestado con preocupación sobre este tema. El trumpismo hizo de las fake news su forma de comunicación. No vale la pena repetir todo la catarata de conspiraciones y locuras no evidenciadas que esparcieron en la sociedad. Pero vale la pena preguntarnos ¿cuál es el criterio para censurar? ¿Por qué se permite reproducir hasta el infinito las fake news que llevaron al poder a Donald Trump? ¿Quién regula lo que se puede decir y lo que no en las redes sociales? ¿Cómo hicieron para cerrar todas las cuentas al mismo tiempo?¿cómo se pusieron de acuerdo todas estas empresas? ¿Acaso puede estar en manos de los CEOs de empresas la decisión de censurar a un presidente? ¿ Cuáles son los límites y los criterios? El sistema capitalista ha pervertido de todo sentido a la libertad de expresión y a la democracia.

El auge de los nacionalismos de extrema derecha en muchos países europeos, y ahora también en los Estados Unidos, es un fenómeno ciertamente inquietante y peligroso, pero difícilmente se le podrá hacer frente si no se analiza en profundidad. Hoy estamos frente a una inminente crisis ecológica planetaria, desplazamientos por millones de migrantes y refugiados, auge de los fundamentalismos religiosos y étnicos, y habrá  que hacer frente a los efectos demoledores de la forma en que se está aplicando la revolución tecnológica en las últimas décadas (acelerado hoy por la pandemia) sobre los sistemas productivos, las formas de organización del trabajo y su reparto y, por ende, las condiciones laborales de centenares de millones de trabajadores. Está claro que no basta con la derrota del trumpismo en unas elecciones.

Con Biden se espera un EE.UU. más abierto al multilateralismo, en especial en cuestiones ambientales, un impulso a las energías limpias, el 5g , así como acrecentar el espionaje cibernético y satelital. Todo dentro de los estándares neoliberales demócratas.

Lo que deberá preocuparnos en lo inmediato es cómo se dará esa batalla cultural contra el racismo y autoritarismo hacia el interior del imperio; y si eso podría cohesionar a la clase trabajadora y disminuir la influencia de la Alt – Right, y por el otro lado el peligro a la insistente recurrencia de los presidentes débiles que buscan reafirmar su liderazgo interior con  guerras off shore. 

Luis Bonaparte (por el que Marx atribuyó la repetición de la historia como farsa) llegó al poder (después de sus fracasados golpes) votado por el campesinado francés, bajo el lema de campaña “abajo la república”. La historia se sigue repitiendo primero como tragedia y luego como farsa.