Protagonismo popular para enfrentar la pandemia: el caso de las Brigadas Cecilia Grierson

Protagonismo popular para enfrentar la pandemia: el caso de las Brigadas Cecilia Grierson

La pandemia causada por el COVID-19 ha puesto en evidencia el efecto que tiene sobre la vida humana la crisis civilizatoria del capitalismo, dejó al descubierto las lógicas más perversas de los sectores concentrados del poder que de tener que elegir entre sus ganancias y la vida de millones de personas, sin dudarlo priorizan las primeras. 

Por  Guadalupe Viñuela Flores  y Nicolás Ramos. 

Quedó a la vista la fragilidad del sistema financiero y del propio modelo neoliberal, porque por más abstracciones económicas que se pretendan, al mundo lo seguimos sosteniendo les trabajadores y el pueblo en su conjunto. Muchos países luego de pasar por un primer momento de negacionismo en pos de proteger sus economías, debieron tomar fuertes medidas de cuidado sanitario cuando los índices de contagios y de muertes no podían ignorarse: los muertos en la vereda y los colapsos de los sistemas de salud hablaban por su propia cuenta. Aún así en muchos puntos del mundo siguió primando el sálvese quien pueda como es el caso de Brasil o EEUU, mientras que países como Cuba, no solo pudieron contener la pandemia, sino que a su vez colaboraron a nivel internacional con brigadas médicas y con desarrollo de investigaciones científicas. 

En el resto de la región, la dependencia en materia científica y tecnológica ha hecho que los mismos no puedan valerse por sus propios medios de los recursos necesarios para paliar la pandemia, como es el caso particular de la elaboración de las vacunas y adquisición de insumos médicos.  En un contexto de creciente conflictividad geopolítica producto del debilitamiento de la hegemonía estadounidense, potencias como China y Rusia se abrieron paso entre los países de la periferia garantizando el acceso y la comercialización de su vacuna. 

En nuestro país pudimos contar con las medidas de aislamiento social de forma temprana lo cual nos permitió poder fortalecer un sistema de salud profundamente desmantelado y desfinanciado por la gestión de la coalición “Cambiemos”, sin sutilezas: nos quitaron el ministerio de salud reduciéndolo a una secretaria, dejaron vencer vacunas de calendario, paralizaron programas de prevención y promoción de salud, sin mencionar las condiciones laborales de les trabajadores de la salud. 

El aislamiento nos permitió salvaguardar vidas, pero a su vez afectó todos los aspectos que hacen a la vida social,  desde la salud, el trabajo, lo educativo, lo afectivo hasta lo habitacional se vieron deteriorados, fundamentalmente para los sectores populares que están privados de muchos de estos derechos básicos desde hace décadas. 

Mientras que en nuestro país el gobierno buscó poner los recursos del Estado en la asistencia social y en el fortalecimiento del sistema de salud, la oposición buscó disfrazar discursos criminales en proclamaciones de libertad individual. Lo que comenzó con quemas de barbijo en las plazas hoy lo encontramos en las campañas de difamación respecto de la vacunación.

Las acciones y  relatos construidos por la derecha en nuestro país, levantados por los medios hegemónicos de comunicación, han logrado un grado de naturalización de la muerte que atentan con nuestra propia humanidad. Lo que se conoce como postverdad -que no es otra cosa que una serie de mentiras repetidas- atentan contra todo grado de raciocinio: desde la instalación de un chip para controlar mentes, hasta la esterilización como efecto adverso de la vacuna. Todos estos dichos, que pueden quedar en lo anecdotario y sobrepasan lo demencial, lo único que hacen es tapar el foco de la cuestión que es que en nuestro país mueren promedio 200 personas por día a causa de COVID-19. Pero no son estos disparates los que más deberían preocuparnos sino aquellos discursos que pretendiendo objetividad buscan generar miedo y desconfianza respecto de las vacunas en su conjunto, pero en particular sobre la Sputnik V.  

La intención de la oposición es que el gobierno fracase en su intento de contener la pandemia en el país, que el empantanamiento en la contradicción entre salud y economía, impida que puedan atenderse los problemas estructurales que dejaron 4 años de macrismo. A esta altura parece más que claro que no reparan en el costo en vidas que esto implica. Estas operaciones criminales son orquestadas desde los sectores concentrados del poder, pretendiendo generar así el escenario político, económico y social que les permita disciplinar y condicionar al gobierno para poder así, por un lado, maximizar sus ganancias y por otro rearticular políticamente a su bloque de poder.

Por otro lado los aciertos del gobierno, como el aislamiento temprano, la rápida inversión en salud y desarrollo social, se diluyen ante la campaña opositora, en lo que algunos llaman “errores de comunicación” que dejan a la base social del gobierno y al pueblo en general, como meros espectadores de su derrotero. Lo cierto es que ante el grado de crisis y lo abrumador del ataque opositor, la única salida posible es la que incluya a esa base social y ese pueblo, hoy espectador, en protagonista de la salida y las respuestas a sus problemas.

Es en este sentido que se construyeron a comienzos del ASPO las Brigadas Cecilia Grierson, como herramienta de organización y articulación popular que permita hacer partícipes a las personas de aquellas políticas que hacen a sus condiciones de vida y sus expectativas de futuro. En un primer momento les brigadistas fueron parte de las cientas de ollas populares que comenzaron a cocinarse en los barrios, a causa del hambre que empujaba a las familias a tener que elegir entre un plato de comida o el riesgo de contagio. Fueron vectores de la solidaridad de la población y de los intentos de intervención del Estado, entregando elementos de higiene (como lavandina, barbijos, alcohol, etc) y mercadería. A su vez, en articulación con el proyecto de educación popular Aulavereda, pudieron colaborar con tareas de apoyo escolar virtual y contención familiar, ante el desafío de sostener las escolaridad de les hijes de les trabajadores. 

Por otro lado, desde las Brigadas en articulación con instituciones de salud y otras organizaciones compañeras se llevaron adelante jornadas de relevamiento epidemiológico en los momentos de mayor pico de casos, en el cual era necesario poder salir a detectar dónde se encontraban los principales focos de contagio. 

Con la llegada de las primeras dosis de la vacuna rusa Sputnik V, en diálogo con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, las tareas se orientaron principalmente en contribuir con la campaña “Vacunate”. Los principales desafíos residen en colaborar con el registro de aquellas personas que no cuentan con los medios de conectividad para recibir el turno para vacunarse y en contrarrestar los efectos de las campañas de desinformación montada por la oposición para que la vacunación fracase. Posteriormente se incorporarán a tareas de soporte en las postas de vacunación que tengan lugar en las escuelas y postas itinerantes en toda la provincia.

Para esto desde las Brigadas Cecilia Grierson se abrió una nueva convocatoria a voluntaries de toda la provincia de Buenos Aires que ha tenido una enorme adhesión, la misma sigue abierta entendiendo que mientras más personas se sumen más cerca se estará de cumplir con los objetivos que implican la mayor campaña de vacunación de la historia. Todes les voluntaries reciben capacitación para poder contar con información fidedigna a la hora de salir puerta por puerta a hablar con sus vecines. La enorme cantidad de brigadistas que se acercan al espacio, que se movilizan e involucran, da cuenta de un pueblo que no se resigna a la muerte, que decide disponer de tiempo y esfuerzo para estar presentes para aquellas personas que más vienen sufriendo, al tiempo que pasan a ser protagonistas de su destino. Las brigadas son un ejemplo de empatía, solidaridad y organización popular, que no solo nos dispone en el presente a velar por la existencia de un futuro, sino que nos enfrenta a la pregunta sobre qué  humanidad queremos ser. 

La tarea que demanda el momento histórico es enorme, es necesario que la gran mayoría de la población reciba la vacuna en el menor tiempo posible para poder generar un grado de inmunización que permita frenar la pandemia y las consecuencias que trajo consigo. Vacunarse es un acto de responsabilidad ciudadana, de solidaridad y cuidado colectivo, y fundamentalmente es una expresión de soberanía. Ante esta ofensiva la salida debe seguir siendo la organización del poder popular, dar la batalla de ideas no reduciéndolo a un plano discursivo, sino ganandolo en el plano de la política y eso significa puerta por puerta, barrio por barrio, persona por persona. 

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