De Juliana a Lichita.

De Juliana a Lichita. 

Algunos hitos históricos para entendernos.

Por Mirtha M. Maldonado. Lic. en psicología. Militante social y política paraguaya. 

  • La colonización: el “Paraíso de Mahoma” 

El Paraíso de Mahoma  fue la expresión utilizada por religiosos católicos españoles de la época colonial en Paraguay para denunciar ante la Corona los abusos, explotación y exceso que cometían sus pares conquistadores españoles con las mujeres nativas. Para los religiosos, esta denuncia tenía un sesgo moral más que de protección y amparo a la población femenina nativa. Las rancheadas, la saca o el rapto de mujeres, es decir la apropiación, dominación y explotación de las mujeres mediante el uso de la violencia (física, psicológica, sexual) por los conquistadores fue una práctica sistemática que les posibilitó, a falta de metales preciosos en estos lugares, ocupar una posición de poder a través de la poligamia. De esta manera, los invasores realizaron una doble apropiación: de la tierra despojada a los nativos y de las mujeres como un  instrumento especial de producción ya que no sólo le brindaba fuerza de trabajo, sino también placer y aseguraba la prole para la reproducción material. 

El relato de la historiografía oficial, que hasta hoy tiene vigencia en instituciones educativas, pretende dar cuenta de un proceso de mestizaje tan logrado como romántico, que prescindió de la violencia en general y contra las mujeres en particular. Nada más lejos del cruel e inhumano proceso de conquista y colonización.

  • La Guerra Grande (1865-1870)

Un puñado de mujeres, niños, niñas, ancianos hambrientos y en harapos es lo que quedaba de un país devastado, prácticamente toda la población masculina fue exterminada como consecuencia de la guerra de la Triple Alianza, acción bélica que comprometió a los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay bajo el auspicio del imperialismo británico contra el Paraguay, cuyo objetivo era aniquilar el proyecto de país que se erigía autónomo, vigoroso y pujante. A las mujeres les cupo no solamente estar en el frente de batalla de aquel genocidio, sino que tuvieron la tarea de reconstruir un país en ruinas. Sin embargo, estos encomiables atributos de valentía, heroísmo y capacidad no se tradujeron en cambios políticos que permitieran una nueva configuración del rol de las mujeres en nuestra sociedad.

Aniquilado el proyecto de nacion paraguaya soberana e independiente, el capital extranjero llevó a cabo el despojo de las tierras paraguayas, en tanto las brechas entre la población masculina y femenina seguiría siendo enorme por muchísimos años, recayendo el trabajo de reconstrucción del país principalmente sobre los hombros de las mujeres. La silenciosa pero efectiva división sexual del trabajo, en correspondencia con la división internacional del trabajo, fortificó los cimientos del sistema capitalista en nuestro país y por tanto del patriarcado. La relación cuantitativa a favor de las mujeres no fue un factor determinante para instalar un sistema matriarcal, todo lo contrario, la posición de las mujeres quedó ligada a una construcción imaginaria de abnegación y sumisión, fortalecida en el rol de reproductor. Así se forjó en la sociedad la imagen de la kuña guapa, término que, en guaraní, significa mujer hacendosa. 

  • La dictadura de Stroessner (1954-1989)

La dictadura más larga en Latinoamérica fue el de la tiranía nazi-fascista de Alfredo Stroessner, cuyo régimen de exilios, torturas, violaciones, desapariciones y asesinatos no se diferenciaba al de sus pares latinoamericanos. Sin embargo, hubo una particularidad que distinguió al tirano Alfredo Stroessner y su círculo de militares leales: la pedofilia.  Todos los crímenes cometidos siguen impunes, lo cual significa que, desde una responsabilidad colectiva societal, seguimos tolerando los abusos cometidos por esta camarilla pedófila. 

Nuestro pan de cada día: las  violencias 

Así como en los ámbitos económico, sanitario, laboral y educativo, la pandemia del COVID 19 cristalizó la crisis estructural del modo de producción capitalista. Las medidas de aislamiento social a las que nos vimos obligadas a guardar pusieron en evidencia la existencia de una violencia estructural hacia las mujeres, tanto adultas como niñas. Las denuncias por maltrato, violencia intrafamiliar y abuso sexual se dispararon. De enero a noviembre del año 2020, el Ministerio Público recibió 2.451 casos de abuso sexual*1 (sobre todo hacia niñas). En el 2019, se  registraron  37 casos de mujeres asesinadas de forma violenta por sus parejas o ex parejas; mientras que en el 2020 hubo 45 mujeres asesinadas. En el primer trimestre de este año, se han reportado 6  casos de feminicidios.

La violencia simbólica, anulación de la identidad, siempre presente en nuestras sociedades patriarco-capitalistas, tuvo su nota hasta casi jocosa cuando el 24 de febrero, fecha en que se celebra en nuestro país el día de la  mujer paraguaya, el Ministerio de la Mujer no encontró mejor forma de celebrarlo que proponiendo un homenaje al presidente de la República. La rápida movilización de las organizaciones de mujeres y el temor al escrache lograron anular tan ofensivo acto. 

Como copia de una malísima película de la industria cinematográfica hollywoodense, el 2 de septiembre de 2020 aparecía victorioso el presidente Mario Abdo Benítez, como telón de fondo una tienda de campaña militar, junto a las Fuerzas de Tareas Conjunta (FTC), orgullosos del asesinato de 2 niñas de 11 años, ambas de nacionalidad argentina, a quienes presentaron como mujeres guerrilleras. La exhumación de los cuerpos de las niñas, vendría a confirmar lo que ya se sospechaba, que eran niñas, que fueron capturadas con vida, torturadas y asesinadas. La hermana de una de ellas, Lichita, sigue desaparecida. Ante esta evidencia, la prensa burguesa hace lo suyo y coloca que el asesinato de las niñas es responsabilidad de sus madres por haberlas expuesto. El gesto terrorista del Estado quedó diluido, gracias a una sociedad cuya institucionalidad es muy frágil y la buena salud de la impunidad en torno a los crímenes cometidos durante el terrorismo de estado estronista. 

Por eso, el 8 de marzo las mujeres paraguayas nos sumamos a las cientos de miles de mujeres, compañeras de todo el mundo y salimos a las calles para gritar nuestras consignas, las históricas y las actuales. Recogiendo la lucha de las que nos precedieron, como la india Juliana sublevándose contra el español invasor colonial y las que dieron sus vidas  por un mundo de libertad, paz, pan y trabajo.

 


*1 Datos del Ministerio Público

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