24 marzo 2021: Por los derechos humanos de ayer y hoy.

24 marzo 2021: Por los derechos humanos de ayer y hoy.

La historia de Juan Carlos Berent y la de miles de compañerxs, luchando por una vida digna.

Por Prensa UTT (@trabajadoresdelatierra)

En un contexto social duro, incierto, trágico en muchos países del mundo, se cumplen cuarenta y cinco años del comienzo de la más cruel de las dictaduras que padeció nuestro país. Miles de torturadxs, asesinadxs y desparecidxs, fueron el saldo de una pesadilla que abarcó casi en simultáneo a Latinoamérica. A la par de la persecución a militantes universitarixs, activistas en fábricas, dirigentes políticxs y ciudadnxs en general, la extranjerización de la economía y un fuerte endeudamiento, destrozaban el aparato productivo nacional. En el ́campo ́, concepto que describe apresuradamente al trabajo agrario en un territorio tan grande como diverso, se acentuaba la histórica explotación a los sectores rurales, bajo las peores condiciones laborales desde la constitución del Estado-Nación: enormes extensiones de tierra en manos de doscientas familias y miles de personas trabajando en forma infrahumana.

“Participabamos en el Movimiento Rural Cristiano, con proyectos sostenidos por la iglesia y organizaciones internacionales, pero decidimos encarar una organización sindical, ya que nuestros objetivos se volvían monótonos, limitados”, cuenta Juan Carlos Berent, histórico dirigente rural de 70 años de edad, quien fundó junto a compañerxs de la región, y otrxs provenientes de Chaco y Santa Fe, el MAM -Movimiento Agrario Misionero-, en agosto de 1971. Producían yerba, té, tabaco y tung una fruta de origen chino, hoy sin producción activa. Inspiradxs en las Ligas Agrarias de distintas provincias, propagaron sus objetivos tan urgentes como postergados, a través de un programa radial y un periódico propio. “Por entonces, realizamos una serie de reclamos al gobierno provincial y marchamos a Posadas. Un mes después, hicimos una manifestación en Candelaria. Fue la primera vez que tiraron gases y reprimieron en la provincia. Lejos de asustarse, los agricultores se organizaron y formaron nuevos núcleos de base. Lo que buscábamos era profundizar el concepto de la lucha, y no pelear por dos pesos…Queríamos que el agricultor descubriera quien era el enemigo y por qué se daba la explotación. Así se creó mayor conciencia crítica. Eso fue lo que les molestó…”, recuerda aludiendo al gobierno de facto, en una provincia signada por el trabajo infantil, la desnutrición y la pobreza extrema.

El avance militarista de la dictadura, provocó un deterioro en la organización del MAM y otros movimientos sociales y políticos del país. “Estuve más de cuatro años preso, primero en Candelaria, luego en Chaco y finalmente en La Plata. Salí en noviembre de 1980… Regresé a la colonia, pero sentí el rechazo de parte de algunos compañeros que me veían como un factor negativo para la reorganización sindical”. A pesar de ello, su constancia lo llevó a ocupar distintos cargos legislativos en la provincia, y luchando desde esos espacios, por los derechos campesinos. “Fueron décadas de militancia. Por mi situación de salud y todo lo vivido, uno se cansa… Hay un tiempo para todo…”, reflexiona desde su casa en la zona rural de Oberá.

Su historia, es la de tantxs compañerxs que han construido su vida en las colonias y quintas, forjando una organización colectiva. En paralelo, se replican las de aquellxs que aún siguen sojuzgadxs a las ´leyes del mercado´: una letal combinación de tierra y personas explotadas, signadas por las fumigaciones. Un escenario de muerte y desastre ecológico, sustentados en la especulación financiera y las falsas teorías de progreso; abonadas por medios cómplices y oportunistas de turno.

De aquella dictadura sangrienta hasta nuestros días, quedan los resabios del dolor de aquellxs militantes que, al igual que Berent, sufrieron en carne propia los embates de la violencia y el destierro. El legado de los pueblos originarios, el Grito de Alcorta en 1912, las ligas agrarias y consejos campesinos de distintas provincias, a través de su amor a la tierra y su lucha colectiva, son un faro ineludible para nuestra organización. En la actualidad, el MAM es una de las organizaciones históricas de la provincia, que forma parte de la UTT Nacional. Produce té y yerba mate TITRAYJU (Tierra, Trabajo y Justicia), que se vende en nuestros almacenes y mercados de todo el país.

Aquellas banderas de lucha continúan intactas: el socialismo y la idea de un mundo más justo se refleja en el trabajo diario de lxs pequeñxs y medianxs productorxs, cooperativas y asociaciones que luchan por la soberanía alimentaria, por decidir qué producir y cómo alimentarse, contemplando y exigiendo condiciones laborales justas. El trabajo bien remunerado, el comercio sin intermediarios y la agroecología como modo de producción alimentaria, resultan indispensables para un crecimiento sustentable. El acceso a la tierra, aquel viejo anhelo de quienes regaron de lucha y mártires la enorme geografía del país, es también, nuestro objetivo. Una meta sin techo para una vida igualitaria que ya no puede esperar.

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