Obreros y estudiantes, unidos y adelante. A 52 años del cordobazo.

Obreros y estudiantes, unidos y adelante. A 52 años del cordobazo.

La mañana del 29 de mayo de 1969 grandes columnas de obreros abandonan las fábricas de Córdoba para sumarse a las movilizaciones contra las políticas de represión y ajuste de la dictadura de Onganía. La CGT había convocado un paro nacional para el día 30 con el objetivo de forzar el restablecimiento de las paritarias suspendidas desde 1967. Agustín Tosco del sindicato de Luz y Fuerza, había propuesto adelantarlo un día con la modalidad de paro de 36 horas con movilización en Córdoba.

Por Alejandro “Gitano” Ulloa 

 

El gobernador pide la intervención del ejército y declara el estado de sitio. La ciudad vacía y la resistencia estudiantil se concentra en el Barrio de Clínicas. El sindicato Luz y Fuerza se juega con un corte de luz en ese sector para dificultar el ingreso del ejército y aparecen francotiradores con pequeñas armas de mano. Se producen enfrentamientos y finalmente el ejército impone la fuerza. Muchos participantes fueron detenidos, a la cabeza los dirigentes sindicales, como Agustín Tosco (LyF) y Elpidio Torres (SMATA), entre otros.

El malestar social por las injusticias, las muertes de los estudiantes, la permanencia de la dictadura sin plazos, la proscripción del peronismo, sumado a la bronca política de los radicales que habían sido víctimas del golpe de Estado, transformaron la represión en insurrección. Lo que comenzó como marcha y siguió con represión se convirtió rápidamente en la rebelión popular conocida como el Cordobazo.

Paso, paso, paso, se viene el Cordobazo

El Cordobazo es el hermano tercermundista del Mayo francés. De sus estudiantes de grafitis novedosos (“seamos realistas, pidamos lo imposible”) y de la huelga general de sus obreros. Nació en un momento histórico que favorecía los cambios sociales, en un mundo ávido de liberar las colonias, que daba batalla al imperialismo norteamericano y europeo en países atrasados de todos los continentes y golpeaba a la bestia en su propio corazón. La Guerra de Vietnam formaba pacifistas en el centro del imperio. Los golpes reaccionarios sin plan estratégico se llevaban la vida de Luther King, la liberación femenina se desplegaba militando en una gran ola de realidad. El Poder Negro consagraba sus atletas en las olimpíadas de Ciudad de México, donde fusilaban de a miles a los estudiantes en la matanza de Tlatelolco.

La Escuela de las Américas, como hoy la DEA o el Poder Judicial del “lawfare”, constituyó todo un plan perfectamente orquestado para liquidar la “subversión del orden natural”, evitar “torpezas nacionalistas” y mantener el poder en manos de la burguesía entrenando a la milicada más servil en las tereas sucias de la represión.

Con el peronismo proscripto y un gobierno radical escaso de votos y de aliados para gobernar, el plan maestro de los EE.UU. y las oligarquías locales consistió en dar un Golpe de Estado de la mano del Ejército sin plazos prefijados para lograr objetivos de “modernización y organización del país”. Arturo Illia, decían, “había retrocedido siglos” anulando los contratos petroleros firmados a gusto de los EE.UU. por el derrocado Arturo Frondizi o atacando las fábricas de medicamentos extranjeros.

Augusto Timoteo Vandor, jefe supremo de la UOM en su máximo poderío, lideraba la oposición interna al propio Juan Perón, que mandaba cartas y emisarios pero no podía regresar al país. Un Plan de Lucha de paros escalonados con ocupaciones masivas de establecimientos fabriles enfervorizaba a la clase obrera apenas un par de años antes. La caricatura del gobierno como una tortuga que iba demasiado despacio en sus objetivos sedujo a la clase del medio para que justificara la entrada en escena de los tanques y carriers del Ejército.

 

Un aniversario que da tela para cortar

Muchos han recopilado testimonios, han hecho recortes interesados o han extrapolado sus líneas principales para forzar una interpretación del presente. El pasado no se puede modificar, pero la lectura de ese tiempo es una actividad teórico práctica, sujeta a cambio.

Cuando hablamos de la historia reciente, el relator cree y modifica en su memoria “A mí no me la contés, que yo ya la viví.” Nadie tiene el cuadro general de los acontecimientos mientras pasaron. La memoria es selectiva (el olvido es parte de la memoria y es político). Está en permanente evolución como cualquier fenómeno. Los historiadores orales hablan de una memoria en construcción, un proceso, recuerdos transformados. Para que haya una memoria colectiva se necesita una comunidad de afectos, un intercambio de memorias entre los miembros de la comunidad. Por eso conocer la historia es pensar y luego actuar.

El Cordobazo no nació por generación espontánea. Empezó en 1966 con las grandes asambleas estudiantiles contra el desmantelamiento de la Universidad. A días de la intervención, se decidió una huelga por quince días en la Universidad de Córdoba. La medida fue acompañada por el movimiento obrero, que organizaba ollas populares en los sindicatos, solidarizándose con el cierre del comedor universitario. El ingreso de la policía al claustro dejó como saldo la muerte del joven mendocino Santiago Pampillón.

El despliegue autoritario preparaba la vigilia de los iguales, que entrenaban su razón y su corazón en la lucha despiadada. Fue en la Córdoba industrial del polo automotriz y metalmecánico donde la unidad obrero estudiantil se cristalizó de inmediato entre los “obreros mejor pagos del país” y los estudiantes del interior que trabajaban en las grandes fábricas y seguían a la par carreras técnicas o de grado.

En Tucumán, la brutalidad oligárquica destruyó los ingenios azucareros para modernizar la pobreza y la llevó al límite insurreccional. Obreros de la obra del embalse Chocón-Cerros Colorados en Neuquén llevaban adelante explosivas huelgas por sus reclamos. Las luchas obreras, desde YPF Ensenada a la gráfica Fabril Financiera, sacudían al país. Raymundo Ongaro ganaba la pulseada por la secretaría General de la CGT contra el sector participacionista del sindicalismo y se fundaba la CGT de los Argentinos el 30 de marzo de 1968, que adopta los programas de Huerta Grande (1957) y, La Falda (1962), e impulsa decididamente la liberación nacional.

Si hay que delinear una línea de largada, el Cordobazo arranca con interrelación de hechos vinculados por la muerte de Juan José Cabral, estudiante de medicina, en Corrientes, y la solidaridad rosarina que aporta luego las vidas de Ramón Bello (22) y Luis Norberto Blanco, de apenas 15 años. Una mancha contagiosa invade La Plata, Tucumán, Santa Fe, Mendoza, Salta. La composición más horizontal de los gremios y las regionales cegetistas del interior ayuda, y se teje una malla de relaciones sociales que identifica luchadores y compromete la vida cotidiana de los corderos, cuando no arruina la vida de los carneros, que pierden hasta el saludo de sus vecinos por la “grieta”.

La quincena del Mayo Cordobés

El 14 de mayo de 1969 se hace una asamblea de los mecánicos en el Córdoba Sport que es reprimida sin piedad por la policía. La batalla llega el centro de la ciudad y al día siguiente se larga un paro de varios gremios, entre ellos metalúrgicos y colectiveros, junto al Smata, el día 16. El 18 es el Rosariazo y el 20 apresan a Agustín Tosco, líder de Luz y Fuerza de gran peso en el sindicalismo cordobés. El 23 de mayo los estudiantes ocupan todo el barrio Clínicas. Hay heridos y las refriegas cada vez son más violentas. Se populariza el aviso de llegada de la policía golpeando los postes del alumbrado. El tin tintin tin intenso es la música para que los vecinos refugien a “los chicos” en sus casas. Se van y empieza todo de nuevo, barricadas, asambleas, fuego.

El 26 los plenarios obreros votan la realización de un paro total de actividades por 37 horas para el 29 y 30 de mayo con una concentración frente al edificio de la CGT en la avenida Vélez Sarsfield. Los estudiantes adhieren disciplinadamente a las resoluciones obreras. Cada columna tiene un acceso al Centro de la ciudad asignado. Todos llevan bolitas de rulemanes para inmovilizar a la Montada y bujías viejas a manera de piedras. Los chicos de Veterinaria aportan la pimienta para los ovejeros alemanes de la Infantería. Paso, paso, paso/ se viene el Cordobazo… El 29 de mayo por la mañana gasean a la columna de los empleados administrativos de Luz y Fuerza. La tensión contenida estalla en los barrios. La Bajada Pucará cierra la ciudad en la Ruta 9. Algunas molotov caseras hacen humo con el avance de las barricadas del Barrio Clínicas.

Se anuncia la muerte de Máximo Mena, que venía en la columna del Smata bajando desde Santa Isabel, camino a Alta Gracia. La policía recula por la fuerza de la pedrea y la decisión de los amotinados. Ya nada será igual. Todos los habitantes de la ciudad son uno contra la autoridad. Nada de participacionistas ni de tibios. Elpidio Torres (Smata), que sí y que no, (“hay olor a infiernillo”, dicen que dijo), se ve desbordado por sus bases. Alejo Simó, quintacolumnista de la UOM porteña, deja de representar. Durante más de un día, los uniformes de trabajo se montan sobre las barricadas desafiando a la policía cordobesa, que esperaba acovachada los refuerzos nacionales. El Negro Atilio López de la UTA y el Gringo Tosco de Luz y Fuerza buscan unificar la rebelión obrera y popular generada.

La lucha estuvo dirigida contra la dictadura de la “Revolución Argentina” y sus agentes locales. Fue uno de los factores más importantes entre los que propiciaron la caída de Juan Carlos Onganía en junio de 1970. Dos años después se produjo el segundo Cordobazo, también llamado “Viborazo”. Innumerables puebladas y rebeliones populares recorrieron el camino de lucha inaugurado en 1969 por los obreros y el pueblo de Córdoba. La insurrección, si es que así se la puede denominar por el grado de preparación que tuvo, fue acaudillada por una clase obrera que rompió con la hegemonía de los grandes sindicatos burocráticos de Buenos Aires.

El peronismo como movimiento estuvo, pero no dirigió como lo hacía hasta entonces. Tardaría mucho en sellar la grieta interna provocada por la traición a su jefe por parte del “Lobo” Vandor. Nadie se quedó en el molde. Todo se movió como un paro gremial pero aquello fue mucho más que una huelga. Fueron acciones preparadas, sin ensayarlas mucho si se quiere. El “abandono de planta” no se daba para partir rumbo a los hogares, si no que ganaba las calles, donde los uniformes de taller o de fábrica hacían las veces de jinetas, no a la usanza de “Fulano conducción” sino al ritmo de “y luche, luche, luche/ no deje de luchar/ por un gobierno obrero/ obrero y popular

 

Agradecemos y saludamos a los compañerxs de radio gráfica. 

Nota publicada en www.radiografica.org.ar

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