Cannabis: de la prohibición a la legalización

Cannabis: de la prohibición a la legalización

La reglamentación del uso medicinal del cannabis invita a revisar los avances en esta materia y a cuestionar los usos sociales legitimados hasta hoy. Cuáles son los debates pendientes.

Por Nicolás Ramírez y Melina Schierloh (@liberacion.corriente)

 

El creciente uso del cannabis medicinal y, casi en paralelo, el aumento del consenso social sobre los beneficios de su utilización – apuntalado en especial por una parte de la comunidad médica- amplían el camino hacia un debate sobre el uso integral de la planta. ¿Qué avances ha habido en materia de investigaciones científicas sobre usos del cannabis, en los últimos años? ¿Estos han ido a la par de avances en materia legal que quiten al cannabis del eje de la criminalización? Por último, ¿qué cambios serían auspiciosos para correr definitivamente a la planta y sus usos de esta perspectiva?

Es probable que  muches desconozcan que el cannabis ha acompañado el desarrollo de distintas sociedades desde hace más de diez mil años. Ha sido largamente usado y comercializado de manera corriente, ya fuera para fines medicinales, rituales y hasta textiles. Incluso parece increíble pensar que el cannabis se vendía en cualquier farmacia o botica hasta fines del siglo XIX: cualquier persona podía acceder libremente a la planta, sus pomadas, tinturas, aceites. 

Su prohibición no fue deliberada sino que los  intentos más o menos sistemáticos durante el siglo XX se consolidaron en su  ‘proscripción consagratoria’ en los tratados de la Organización de las Naciones Unidas  (ONU) en su Anexo IV de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes. En la década de 1980, la administración de Ronald Reagan en Estados Unidos estableció la política “the war on drugs” a partir de la cual el cannabis fue utilizado para la persecución de “enemigos internos” en el país del norte y extendido como una política de criminalización para todo el continente.

El debate de la utilización de la planta como alternativa medicinal consta de larga data y ha cobrado gran influjo en los últimos años. Lo particular quizá es que poco se puede dudar de su efectividad para el tratamiento o acompañamiento de determinados cuadros o patologías puesto que son los mismos pacientes que en muchos casos optan por su uso – en forma de aceite, por ejemplo – mucho antes que algún profesional lo recomiende. Esto deja ver que las personas buscamos estar bien, salir de situaciones de enfermedad, de dolor, de inestabilidad y esas búsquedas muchas veces no cierran con la perspectiva médica o farmacológica hegemónica. Por otra parte, la relación médico paciente se pone bajo el foco de atención cuando la autoridad médica opera bajo ciertos dogmatismos. 

 

¿Qué avances hay?

La reglamentación de la ley 27.350 logró consolidar el Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados; crear un programa nacional para impulsar su investigación y producción pública, y además, propone alternativas para el autocultivo a partir del Registro del Programa de Cannabis (REPROCANN) para aquellas personas que poseen patologías previas, que pueden ser tratadas con las sustancias que de la planta derivan.

La ley, que fue aprobada en 2017, tuvo su reglamentación recién el año pasado, en noviembre de 2020, lo que abrió y abre muchas posibilidades. La más inmediata, el hecho que las familias que ya hacían sus tratamientos con cannabis autocultivado contaran con la legitimidad para hacerlo y que no se las persiguiera por ello. Por otra parte, se afianza el camino de investigación que hasta el momento unos pocos equipo de científicos y técnicos han llevado adelante.

Uno de estos equipos es el que coordina Dario Andrinolo de la Fac de Cs Exactas de la Universidad Nacional de la Plata e investigador independiente del Conicet. Algunos de sus resultados están vinculados a la descripción del sistema de cannabinoides que está en presente en el cuerpo y que funcionan como un sistema que regula el equilibrio de nuestro  organismos. Al estar dispuestos en todo el cuerpo actúan en diversas formas y momentos en respuesta al cannabis, esas diversas respuestas, en relación a dosis y cepas, son objeto de investigación científica y conocimiento fundamental para los tratamientos médicos de distintas enfermedades.

Andrinolo sintetiza que hay dos perspectivas o visiones sobre el cannabis actualmente, distintas y de intereses contrapuestos: “una, herborística o tradicional, donde todos los componentes de la planta podrían utilizarse y, otra, farmacológica – hegemónica que propone sacar de la planta los principios activos y administrarlos, por separado, venderlos en forma  en grageas, que es lo que suele hacer la industria  farmacéutica, y si se pudiera incluso confeccionar un derivado sintético, que se venda más barato, mejor.”

 

Del prohibicionismo a… la legalización?

Como se ve, lo que para muches de nosotres son avances en materia de autonomía, salud y no dependencia de los grandes laboratorios, tiene detractores que justamente abogan por la privatización en su producción y provecho o, en el peor de los casos, la continuidad en la criminalización  del uso del cannabis.

Y es que el uso medicinal de esta planta, y un posible uso de más amplio espectro, cierra las posibilidades a que las corporaciones puedan hacer de este un inmenso mercado. Entendiendo a las corporaciones como un sistema colaborativo entre el Estado o más bien determinados funcionarios o sectores con sus intereses puestos en el tema, las fuerzas de seguridad y grandes capitales empresariales, que operan en ocasiones oculto ante los ojos del sentido común y se encargan de sostener el status quo.  Por lo cual, no ha de sorprender que en esta etapa de avance en torno a la legalización de la marihuana siguen siendo los pequeños comerciantes, productores y cultivadores los chivos expiatorios de la ‘lucha contra el narcotráfico’.  No es de extrañar que aún se detenga o allane la casa de un cultivador (a pesar de estar incluido en el registro para uso medicinal) y las centenares de causas judiciales que se siguen haciendo por la simple tenencia. Es decir, la reglamentación de la ley cambió elementos importantes, pero casi nada para quienes son usuarios del cannabis con fines no medicinales, o recreativos, como suele llamarse. A este panorama hay que agregar la complejidad que aporta que no todos los funcionarios judiciales actúan del mismo modo, más bien lo contrario: la arbitrariedad en las detenciones por tenencia y consumo de marihuana son lo corriente.

 

Medicinal. Recreativo. Integral.

En este punto es donde aparece un último elemento (al menos el  que podemos abordar en esta columna) y que es el de pensar qué pasa con los usos del cannabis que no son medicinales, los usos recreativos. En principio, esa dicotomía que establece, por un lado, lo medicinal que responde a lo legal, a lo ‘estudiado’[o en desarrollo], medido, dosificado y comprobado, mientras que lo recreativo se presenta como incierto, por fuera de lo legal – mas cerca de lo delictual – y asociado muchas veces a lo problemático, no termina de ser un límite claro ni justo. Este imaginario, lejos de bregar por una legalización amplia e inclusiva, o incentivar al debate de cuáles son los usos sociales de la planta, sólo exacerba una escisión de clase y consumo, por lo cual ¿por qué no pensar en un consumo terapéutico e integral?

Como vemos queda mucho por andar para efectivizar la despenalización del cannabis en la práctica y más aún para que la sociedad quite el velo del tabú que durante tantos años envolvió a la planta, sus usos y usuaries.

Podemos estimar que un camino a seguir, aún incipiente pero prometedor, es el que la ciencia y la técnica viene llevando a cabo en materia de investigación sobre el cannabis en conjunto con diversas organizaciones y movimientos: agrupaciones de madres cultivadoras, pequeños productores de aceites o derivados, organizaciones civiles por la liberación, entre otros, que vienen dando pelea para que el cannabis se ponga en agenda. La apuesta por la profundización en las investigaciones, en la liberación de las trabas para hacerlo y la aspiración a una producción propia [¿por qué no pública?] de cannabis medicinal que permita su acceso equitativo son horizontes actualmente.

Por último, un debate acérrimo todavía está pendiente, y es el que gira en torno a la liberación del cannabis en términos legales, la pregunta acerca de por qué la marihuana sigue estando en el marco de una ley de drogas es imperativo que sea contestada.



1  En enero de 2019, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer seis recomendaciones relacionadas con el cannabis y su retirada de los tratados de control de drogas de la ONU.

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