Si no se controla la producción ganadera, el precio de la carne va a seguir subiendo

Si no se controla la producción ganadera, el precio de la carne va a seguir subiendo

Los patrones de la industria de la carne lucharon, a lo largo de la historia argentina, contra todo tipo de transparencia y fiscalización de sus números. Esto es, desde luego, algo común a otras industrias pero la imposibilidad de controlar un alimento tan sensible para los argentinos como la carne tiene consecuencias extras que el gobierno actual está experimentando. Para entender un poco los intereses y las triquiñuelas que están en danza en el sector y los problemas que enfrentan los frigoríficos autogestionados, entrevistamos al Vasco Oscar Ruiz de Huidobro, dirigente de la FECACYA, la Federación de Cooperativas Autogestionadas de la Carne y Afines.

Por: Andrés Ruggeri y Roly Villani

 

“A los empresarios de la carne les molestan algunas cosas que hace este gobierno”, dice Oscar Raúl Ruiz de Huidobro. El Vasco, como lo conocen todos, es el primer presidente de la Federación de Cooperativas Autogestionadas de la Carne. En plena batalla por la transparencia en las exportaciones entre el oficialismo y el empresariado del sector, que los medios monopólicos llaman “cepo a la carne”, dice que a los patrones del campo “les molestan los controles como la declaración jurada de exportaciones de carne (DJEC) porque eso va a dejar afuera varios actores como las empresas con habilitaciones “raras”, esas que empezaron a aparecer, que tenían domicilios irreales o presidentes indigentes y fueron multadas”. La información oficial dice que la Aduana denunció que 19 frigoríficos facturaban mucho más de lo que declaraban en sus exportaciones y encontró a 6 matrículas sin frigoríficos que comercializaron con irregularidades la exportación de 7 mil toneladas de carne.

–Controlarlos me parece correctísimo. Lo que no me queda claro del Plan Ganadero del gobierno es la provisión de stock del ganado, que es donde van a hacer eje los sectores del famoso “campo” que no es otra cosa que la agroindustria dominante. Ese sector se va a quedar con un montón de subsidios y va a perjudicar a los productores familiares y a los pequeños productores. Así como cuesta conseguir apoyo para las empresas autogestionadas, también cuesta conseguir asistencia para los productores campesinos e indígenas.

 

–Por el momento el gobierno parece plantearse una política de control para asegurarse las regalías de las exportaciones, asegurar divisas y emprolijar al sector pero no está planteado tocar la concentración de tierras y negocios.

–Exacto, eso no se toca. Eso los lleva a volver a los permisos de exportación, la política que aplicaban antes del macrismo: los controlan, pero no tocan la producción en la formación de precios. Entonces el precio de la carne va a seguir fluctuando y ellos van a seguir manteniendo stock bajo para presionar sobre el precio, bajar más el consumo interno y conseguir excedente exportador.

 

–¿Que se puede hacer para garantizar stock?

–Algo que este gobierno dice que va a hacer pero no está claro cómo. Dicen que va a haber recomposición de stock ganadero pero ¿con quién? ¿cómo? Si el apoyo no se dirige también a la pequeña familia productora campesina e indígena, a las Pymes del sector y a las cooperativas autogestionadas, los grandes productores y los industriales exportadores no lo van a solucionar. Se va a lograr de nuevo trabajar para los grandes sectores. Los acuerdos los hacen con los grandes, no con los pequeños comercializadores ni productores. El problema es precisamente que el control de precios se limite a la góndola. Esto es un problema muy grande, es un sector con muchos intermediarios y muy grandes, es muy complejo controlar el precio al final del circuito.

 

–Y ¿cómo está constituida, entonces, la cadena? ¿Cómo se forma el precio? ¿Dónde controlarías?

–Para mí, hay que controlar al principio de la cadena. Controlar al sector ganadero, al más concentrado, al que pone el precio. Después están los matarifes y los frigoríficos y en el medio de eso están los consignatarios. Y además, está el mercado de Hacienda de Liniers, que es formador de precios. Mirá todo lo que hay que controlar antes de llegar al precio en góndola. Y también hay que controlar el flete, que influye muchísimo en el precio y nadie sabe nada del flete. Al frigorífico ya le llega la carne al precio que quiere el ganadero y con el flete pagás lo que el fletero quiere. Y también pagás una comisión por la venta de ganado al consignatario. Como sector cooperativista autogestionado no podemos absorber esos costos. Los empresarios tienen esos costos como parte de la vuelta entera de guita que hacen, pero para una cooperativa es mucha plata inmovilizada. Por otro lado, están las grandes cadenas de supermercados que tienen frigoríficos propios y tienen campos. Si vamos a controlar, veamos los costos y la rentabilidad de todo el sector, no solo lo que pasa en la góndola. La concentración monopólica de este sector afecta muchísimo no sólo el precio de la carne, sino toda la dinámica ganadera y comercial: los dos grupos brasileros que están comprando todos los frigoríficos mantienen los nombres de las empresas que compran para mantener la cuota Hilton. Si los ponen a nombre de ellos, les corresponde la cuota Hilton de Brasil, pero queda el nombre del frigorífico como estaba con la cuota Hilton de Argentina.

 

–Pero si compran el frigorífico cambia la razón social de la empresa aunque le dejen el nombre como estaba. Si no se declara el cambio de titularidad, es evasión.

–Siempre lo acomodan. Le dan al frigorífico una participación en la cadena y mantiene el nombre. ¡Y lo más gracioso es que después acusan a los frigoríficos recuperados de que le prestan el nombre a un matarife que tiene cien cabezas! ¡En estos casos estamos hablando de miles de cabezas!

 

“El problema es que el control de precios se limite a la góndola: esto es un problema muy grande, es un sector con muchos intermediarios muy grandes”

 

–¿Vos decís esa acusación de que los recuperados y las cooperativas son pantallas para que operen otros y que eso es competencia desleal?

–Claro. Desde los años 70, son ellos los que hacen eso. Ya desde el cierre del frigorífico Lisandro de la Torre, en la época de Frondizi, empieza a haber grandes problemas en el sistema y las cadenas norteamericanas e inglesas cierran sus bocas de expendio. Es cuando el Estado pierde el control de la industria. Ahí nacen las carnicerías y los matarifes. Entonces, una planta que trabajaba al 30% de su capacidad de producción ¿cómo hace para mantener el 70% de la planta ociosa? Hacían acuerdos con los matarifes que venían a faenar a la planta. Eso es viejo en la carne. Y es un mecanismo de control del poder de ingreso, rentabilidad, regulación y evasión que se produce muchísimo antes de que el corte llegue a la góndola. De alguna forma es lo que se propuso modificar Luciano Zarich cuando fue director de Matriculación en el 2014. Logró controlar parte de la evasión dándole una matrícula a los matarifes, que hasta ese momento no la daban. Se impulsó un mayor control del sector al obligar a cada matarife que se matricule y además que pague impuestos con la autorización para faenar diaria y las declaraciones que se verifican en la triangulación entre SENASA, AFIP y RUCA (Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial). Eso se hace con Zarich. Y lo destrozaron entonces y ahora que vuelve a tener responsabilidades lo van a querer destrozar otra vez.

 

–Y ahí llegamos a las cooperativas, porque justamente esa medida es la que permitió que aprovecharan para sacar a las cooperativas del mercado

–Exactamente, ese fue el planteo de dos cámaras, CADIF (Cámara Argentina de la Industria Frigorífica) y CICCRA, (Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes de la República Argentina) en el cambio que se implementó en marzo de 2017. Aceptaban esta forma de regularizar a los matarifes pero a las cooperativas había que sacarlas del medio. Plantearon que nos saquen las matrículas. Sacaron solicitadas y armaron una campaña de prensa y movilizaron parte de la dirigencia gremial diciendo que nosotros éramos competencia desleal, y así lograron que se tocara sólo a un pequeño sector en la cadena. Pero la cadena de la industria estaba llena de matarifes ocultos porque esa es la lógica histórica de la industria de la carne. Nosotros lo decíamos y era irrebatible: si es cierto que hay algún frigorífico autogestionado que presta la matrícula lo hace dentro de la lógica de la industria. Si a mí me cerrás las matrículas porque yo la prestaba había que cerrar a toda la industria. Claro que no fue así

 

“Aun dentro del entramado capitalista podemos y debemos tener el derecho a comprar, producir y comercializar para satisfacer el trabajo y las necesidades colectivas”

 

–Ellos mismos, en el último documento contra las cooperativas, huelen que se va a dar permiso y argumentan todo esto de que es precarización, pero hablan de que la producción cooperativa es el 5% de la producción nacional. ¿Por qué tanto ensañamiento, si es un sector tan pequeño?

-Y… hacé números: sólo el 5% representan 52 mil cabezas mensuales. Es poco pero es mucho.

 

–Pero ¿es un tema de volumen? ¿De números?

–El volumen es grande y es un tema. El otro tema es ideológico: no quieren que haya un sector que pueda transformar la realidad de una industria que manejan como patrones. Porque que ellos tengan compradas algunas direcciones obreras, tanto en lo sindical como en las recuperadas, no significa que puedan comprar a todas. Que haya seis o siete fábricas que le digan que no, es una cuestión ideológica. Quieren destrozarnos no sólo por lo que se pueda producir de carne sino por lo que se puede producir intelectualmente a partir de la recuperación.

 

–¿Vos creés que ven una herramienta del Estado para controlarlos más o que temen que se expanda la autogestión en el sector?

–Yo no creo que el gobierno vea la posibilidad de apretar a los frigoríficos apoyándose en las recuperadas. Creo que no visualiza eso. El sector patronal tampoco le tiene miedo a eso. Lo que quieren hacer es destruir cualquier instancia que se les escape al control. Es férreo, el control del capitalismo en ese sentido. Nosotros lo sufrimos durante el proceso de recuperación de la planta (Frigocarne Máximo Paz). Jorge Macri era diputado provincial y en una entrevista conmigo me dijo “ustedes son ilegales, no deberían existir, tendrían que estar todos presos”. Te estoy hablando del año 2004. A lo mejor divago pero creo que le temen a que la clase obrera más radicalizada pueda plantear un nuevo modelo productivo apoyándose en la recuperación de empresas.

 

–Volviendo al tema del precio de la carne ¿qué debería hacer el gobierno para controlar entonces toda la cadena?

–Yo cambiaría muchos hombres de línea en el SENASA y en Agricultura que llevan varios gobiernos en sus espaldas y mucha dependencia del sector patronal. Esa es una herramienta que necesitás: si no tenés la fiscalización del Estado, es muy difícil instrumentar cualquier política. En el contexto de este gobierno que expresa tantas líneas de pensamiento encontradas, el control y fiscalización que está impulsando Zarich es bueno, lo de las Declaraciones Juradas, por ejemplo. Ellos declaraban que exportaban huesos no aptos para consumo humano y resultó que era carne. Era un montón de plata de impuestos que evadían. Necesitás tener esos controles en toda la cadena, si no controlás al ganado en pie, su stock, producción y manejo del precio, la industrialización donde se empezó a “imponer” de nuevo el “recupero”, la cartelización del subproducto y los “acuerdos” que realizan con el sector de supermercados no vas a intervenir nunca en el precio final.

 


De carne somos


El contacto de Huidobro con el gremio de la carne se produce en la década de los 70, como parte de su militancia sindical: “En aquella época planificábamos todo, desde en qué industrias queríamos tener mayor despliegue hasta cómo insertarnos en una planta -recuerda-. Era una estrategia en la que a veces perdíamos cuatro o cinco compañeros, a los que rajaban, para potenciar a uno solo y que ése fuera delegado”. De esa manera, siguiendo el rastro de posibles frigoríficos en pie de lucha, llegó a fines de los 80 a Frigocarne, en la localidad bonaerense de Máximo Paz.

–La empresa había encontrado la quiebra como mecanismo para evadir impuestos. En el 97 hubo una primera quiebra, en el 2001 otra y en 2003 la última -recuerda-. Nosotros siempre planteábamos la cooperativización. En el 97 perdimos por afano, casi nos echan a todos, nadie nos dio pelota. En la segunda quiebra yo ya no estaba pero los compañeros que quedaron lo vuelven a plantear y volvemos a perder pero era una idea que ya tenía mucho más consenso. Ahí decidimos no trabajar sólo adentro de la fábrica, sino en la comunidad, pusimos compañeros a peinar Máximo Paz, decidimos trabajar con todas las iglesias sin importar qué tendencia, buscamos el apoyo de los almacenes, los kioscos, todos los comercios de Máximo Paz. Y trabajamos mucho la familia, los hijos de los compañeros. Hacíamos asados para charlar entre todos, que la familia del compañero supiera como venía la cosa. Y el 3 de diciembre de 2003 la empresa vuelve a cerrar, cerraba siempre en diciembre para agarrarnos desmovilizados. Los primeros días tampoco había consenso para la cooperativa porque el patrón tenía todo armado, llevaba algunos a las otras plantas de Pontevedra y a una empresa que había articulado en La Foresta, les pagaba a algunos, les daba subproductos a varios, le prometía a otros. Y pusieron una guardia armada, porque sabían que la situación no venía nada bien, que la correlación de fuerzas adentro era distinta y podían perder. Manijearon la asamblea y no la perdieron, pero a pesar de que perdimos, hicimos otra asamblea afuera del frigorífico el 24 de marzo de 2004, y ahí planteamos la recuperación de la planta como cooperativa autogestionaria. El hecho de que hayamos hablado con la familia para mi determina que la asamblea que hacemos el 24 resuelve la cooperativa. Les dijimos entonces “ya los vamos a convocar a tomar la planta”. Y lo hicimos tres días después. Nos tomamos la noche para ir a convocar uno a uno por las casas a los compañeros, para que fueran de madrugada a la planta. Y cuando nos juntamos todos en la puerta de la planta hicimos un quilombo bárbaro, una movilización enorme. Y mientras tanto un grupo se hizo cargo de “conversar” con la guardia y pudimos entrar (risas). O sea que es una empresa recuperada porque estuvimos afuera y reingresamos a la fuerza. Éramos ciento treinta trabajadores y más de doscientos pobladores, Muchos pasaban por la puerta cuando ya estaba ocupada y nos decían “borrachos, que van a hacer ustedes, sin el ruso (el ruso era Guillermo Pitman, el antiguo dueño) no van a ningún lado.” Y nosotros calladitos. Fue una resistencia atroz de dos años.

 

–¿Dos años adentro de la planta sin producir?

–Producíamos rejas, producíamos choripán, producíamos campeonatos. Cosas que nos permitieran generar un ingreso para los compañeros. Y para no perder la cultura del trabajo hicimos un acuerdo con el INTA y armamos huerta. No se vive de la huerta pero te ayuda a mantener la conducta de trabajo, todos teníamos que dedicarle unas tres horas, otros tenían que hacer el mantenimiento de las piletas, porque además había que poner la planta a punto, Pitman se había llevado partes y había destruido otras. Todos fuimos albañiles, pintores, jardineros y el pueblo tuvo mucha solidaridad con nosotros, todos los domingos hacíamos campeonatos de fútbol, choripanes, empanadas, peñas o locro y estaba todo vendido antes de empezar. Sin el apoyo de organizaciones piqueteras como MTR, MTL y Construir Solidaridad y el apoyo de la comunidad no se habría logrado.

 

–¿Cómo lograron volver a abrir el frigorífico?

–El primer paso fue la puesta a punto. Arreglar todo lo que habían roto, reponer maquinaria y eso se hace con el apoyo del programa Trabajo Autogestionado. Nos compran una máquina, una sierra y nos pagan dos años la línea 1. Fue importantísimo para nosotros. Después Desarrollo Social nos da un subsidio, eso nos permitió reparar la planta, Planificación Federal nos compra toda la pintura.  Economía nos mandó cosas, era la gestión de Néstor, ya.

 

–Volviendo al panorama actual. ¿Por qué creés que las cooperativas deben acceder a la matrícula de matarife abastecedor?

-Primero, porque tenemos derecho. Por derecho constitucional: están siendo objeto lesivo de desbaratamiento de los derechos del trabajo, el derecho a ejercer una industria lícitamente. Eso es la Constitución, también la ley de Cooperativas 20337 nos garantiza el derecho a ser cooperativa dentro de los marcos de la ley. Hay jurisprudencia, además, en la provincia de Santa Fe, para que los trabajadores de una recuperada puedan explotarla y por último algo importante es que el Ministerio de Agricultura y el INAES sacaron una resolución en enero de 2020 que asegura que las cooperativas pueden comercializar legalmente. Eso desde lo legal. Ahora, desde nuestra visión como militantes, como trabajadores autogestionados con instinto y conciencia de clase hay que ir más al fondo: estamos analizando y poniendo en práctica la producción y comercialización sin intervención de los capitalistas. Aun dentro del entramado capitalista podemos y debemos tener el derecho a comprar, producir y comercializar para satisfacer el trabajo y las necesidades colectivas. No es para uno, es para todos, En definitiva la matricula se la necesita para tener igualdad de oportunidades y para poder a corto o mediano plazo gozar de la riqueza producida. No trabajamos para que nos exploten sino para que nuestra existencia como trabajadores autogestionados pueda gozar de la riqueza que producimos. A diferencia de las empresas tradicionales que basan todo en maximizar la ganancia, nosotros buscamos generar trabajo, ese es nuestro objetivo.

 

“Es difícil hablar de precariedad laboral de una cooperativa porque la precariedad es parte de la producción capitalista y nosotros jamás buscamos la explotación sino la liberación. Eso nos hace diferentes”

 

–Una de las acusaciones que se hace a este planteo es que las cooperativas conllevan muchas veces una forma de precariedad laboral que se disimula pero no se admite en una empresa capitalista.

–Es difícil hablar de precariedad laboral de una cooperativa de trabajo que aspira a ser una empresa colectiva, porque la precariedad es parte de la producción capitalista y nosotros somos sujetos diferentes que jamás buscamos la explotación sino la liberación de no estar atados a las cadenas económicas. Eso nos hace diferentes. Por lo menos en Frigocarne nos juramentamos de entrada darle a nuestra fuerza de trabajo el mismo valor que lo que conseguían los sindicatos en las paritarias y así lo hicimos. Es cierto que hubo distintas etapas de apropiación del valor de la fuerza de trabajo. Fuimos desde una autoexplotación severa, en un principio, a una mejor categorización del valor de la fuerza de trabajo que todavía no podemos designarla como tal -en este sistema capitalista dependiente-, pero lo vemos como un reparto de excedente de capital colectivo de bastante igualdad para nuestros compañeros de clase. Para clasificar mejor ese valor no le encontramos la vuelta, no sé si Marx la encontró en algún momento. Si somos conscientes de que la matrícula de matarife abastecedor es importante para mejorar este punto. Es fundamental que podamos comprar, producir y comercializar socialmente para mejorar nuestras realidades colectivas y las vidas de los hijos de nuestros hijos.

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