Cuando la historia se escribe luchando: La Federación Sindical Mundial y su perspectiva histórica. (Parte 1).

Cuando la historia se escribe luchando: La Federación Sindical Mundial y su perspectiva histórica. (Parte 1).

En la historia de los pueblos, la lucha de los trabajadores ha jugado siempre un rol protagónico.  La confrontación de clases, su dinámica y su propia fuerza, han sido siempre el telón de fondo del desarrollo humano. La experiencia de la lucha de los pueblos contra la opresión y la violencia, ha dejado una huella indeleble en todos los confines del planeta.
La historia de la Federación Sindical Mundial, su origen y sus luchas, se entronca con este proceso de desarrollo en el que la fuerza de millones de hombres y mujeres de todos los países, ha acicateado la rueda de la historia. Veamos.
Por: Gustavo Espinoza M. Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) (1969-1976).

 

ANTECEDENTES Y ORIGEN DE LA FSM
Cuando el 3 de octubre de 1945 quedó fundada en París la Federación Sindical Mundial aún no se había apagado definitivamente el acompasado sonido de cañones y metralla que había atormentado al mundo desde el aciago septiembre de 1939 cuando los ejércitos hitlerianos invadieron Polonia y dieron inicio a la Segunda Gran Guerra. No obstante, ya había sido abatida la bestia Parda, y los pueblos –actores de esa epopeya- celebraban jubilosos en grandes avenidas la victoria de la paz y de la solidaridad.
Algunos días antes, el 25 de septiembre de ese año inició sus trabajos en la capital de Francia la Conferencia Sindical Mundial, que habría de dar nacimiento a la Central Internacional Clasista de los Trabajadores.
A la cabeza de las luchas populares contra el nazi-fascismo, la clase obrera había librado enormes batallas prácticamente en toda Europa. Unidos socialistas, comunistas, radicales, y muchos trabajadores de otras tiendas políticas, o sin ellas; habían marcado la historia a sangre y fuego. Y se aprestaban a construir un mundo nuevo, en paz y con justicia.
Es común señalar –como lo hacen los expertos- que la derrota del fascismo en 1945, fue una victoria histórica de todas las fuerzas de la democracia y el progreso, encabezadas por la Unión Soviética. Pero, sobre todo, fue un triunfo del proletariado de la época; de la Clase Obrera Internacional que, en todos los confines del planeta, supo alzarse en defensa de la dignidad y de la vida de los pueblos.
Es conocido que, luego de la conflagración mundial desatada en el periodo, el sistema de dominación capitalista, quedó severamente debilitado. A la destrucción material de ciudades, el arrasamiento de tierras de cultivo convertidas en campos de batalla, a los problemas económicos derivados de la guerra: se sumó el proceso de descolonización, que marcó época. Millones de hombres y mujeres de Asia, África y América Latina abrieron ruta hacia su independencia y crearon las bases para su desarrollo ulterior. También en esa batalla, fue decisivo el papel de los trabajadores.
El inicio de ese proceso de descolonización generó un conjunto de problemas económicos y sociales en las grandes metrópolis europeas. Las potencias coloniales se alimentaban de los productos de los países atados a su férula. La ruptura de esa cadena de dominación generó desabastecimiento, desempleo y luego migraciones que hoy toman dimensiones considerables. En su momento, estos fenómenos no se percibieron en su real dimensión. Afloraron más tarde, cuando el mundo colonial buscó abrirse paso en un escenario más amplio disputando incluso con las Metrópolis productos y mercados.
Desde su origen, la nueva organización sindical -la FSM- se diferenció sustancialmente de las organizaciones laborales preexistentes. En lugar de promover la “colaboración de clases” alentó la lucha por asegurar la capacidad de acción de los trabajadores, empeñados en construir una sociedad socialista, como ya estaba ocurriendo en ese entonces –y desde 1917- en la Unión Soviética. En ese espíritu, la FSM diseñó la figura del socialismo en el futuro escenario de los pueblos, y obró en concordancia con ese propósito
Como se señala en el tomo sexto de la Historia del Movimiento Obrero publicado por la Editorial Progreso, en 1981, “La fundación de la Federación Sindical Mundial (la FSM) fue una gran victoria del internacionalismo proletario y un éxito de los partidarios de la unidad en el movimiento obrero internacional. La FSM se fundó por iniciativa de la corriente revolucionaria en el movimiento obrero, en el Primer Congreso Mundial de los Sindicatos convocado a fines de septiembre de 1945 en París. En su trabajo participaron delegados de los sindicatos de 56 países que representaban a 67 millones de trabajadores” (1)
No obstante, es preciso reconocer que la FSM no salió como Palas Atenea de la cabeza de Júpiter tronante, embellecida y compuesta. Ella misma, fue producto de un largo acercamiento, procesado por las organizaciones sindicales de los trabajadores de los países más importantes de Europa empeñados en la lucha internacional contra el fascismo. Los Sindicatos Soviéticos y el TUC Británico, jugaron en esta tarea un rol protagónico.
Rubén Íscaro, el destacado sindicalista argentino, recuerda que fue en 1941 cuando sobre la vieja Londres llovían las bombas germanas, que se reunió en Edimburgo el congreso de los sindicatos ingleses que resolviera establecer contacto con el Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos “con miras a una cooperación en la lucha contra la guerra” (2). Los vínculos entre el británico Walter Citrine y el ruso Nikolai Shvernik constituyeron el inicio de un entendimiento que se proyectaría en el tiempo, y que tendría un rol decisivo en ese octubre del 45.

     Walter Citrine

Ese intercambio, adicionalmente, señaló el colapso de la vieja organización laboral de la pre guerra –la Federación Sindical Internacional de Amsterdam- cuyos líderes resultaron incapaces de ponerse a tono con los tiempos y encabezar las luchas de los trabajadores contra la guerra y el fascismo.
El surgimiento de un Comité Sindical Anglo Soviético, en 1942, afirmó el derrotero iniciado en un contexto marcado por la generalización de la guerra y la apertura del frente militar alemán contra la URSS. Años después, en febrero del 45 se reunió en Londres la Conferencia Sindical Internacional. Este proceso, sin embargo, se vio afectado por contradicciones de diverso tipo pero en cuya base subyacían diferencias ideológicas y políticas referidas al papel y a las tareas de la clase obrera.

 

LA NUEVA CORRELACIÓN DE FUERZAS EN EUROPA
Ya en ese entonces estaba definido el escenario internacional europeo. La derrota del fascismo era apenas el preludio de una vigorosa victoria de la Unión Soviética. La URSS no solamente derrotó militarmente a las hordas hitlerianas; sino que, al mismo tiempo, liberó gran parte de Europa del Este y aún de la zona central del viejo continente.
En diversos países surgieron gobiernos de orientación progresista que derivaron luego en verdaderas democracias populares. Esas victorias se afirmaron en la heroica resistencia desplegada sobre su suelo por los trabajadores y los pueblos empeñados en derrotar el dominio hitleriano. En tales luchas, los sindicatos virtualmente clandestinos y sus vanguardias políticas, pasaron a jugar un rol predominante.
En Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania. Albania, Yugoslavia y la parte Oriental de Alemania, fue posible sentar las bases para la creación de un orden social más justo y más humano, de corte socialista. Pero no ocurrió esto en los países escandinavos. Tampoco en Holanda o Bélgica Y menos aún en Francia e Italia. La parte más occidental de Europa -España y Portugal- quedó aún en manos de regímenes de corte fascista que serían abatidos muchos años después.
En el corazón de Europa, verdaderos Frentes Populares en Francia e Italia abrieron paso a gobiernos de coalición antifascista con la participación de distintas fuerzas políticas en las más altas esferas del Poder. Prestigiados por su heroica lucha, los partidos comunistas -con una muy fuerte raigambre obrera- alcanzaron un rol protagónico que asustó a las burguesías nacionales de ambos países, que recurrió al apoyo de los Estados Unidos para cautelar los intereses del Gran Capital.
En este contexto, fue la Francia recién liberada y el París de la Comuna de 1871 la que dio la bienvenida a los representantes de esta inmensa pléyade de luchadores sociales procedentes de todos los confines del planeta. Allí, la voz de Louis Saillant saludó a los forjadores de la unidad sindical de los trabajadores de un mundo renacido de sus cenizas.
El Congreso constitutivo de la FSM sentó las bases para el surgimiento de una poderosa estructura sindical internacional; pero, además, definió lineamientos y principios, y recogió el aporte y las experiencias de los trabajadores que venían de distintos escenarios del proceso social.
En Paris, en efecto, estaban los delegados de los sindicatos soviéticos, muchos de ellos defensores de la Patria Socialista en los campos de batalla; pero también representantes de los obreros de países europeos sometidos durante varias décadas al oprobio nazi. Era la situación, sobre todo, de los obreros de Alemania, Italia, España, Portugal, Rumania, Bulgaria, Polonia y otros, en los que por muchos años imperaron regímenes en extremo reaccionarios y represivos. En esos países, desde los años veinte y treinta del pasado siglo, no podía hablarse de sindicalismo, ni tampoco existían estructuras sindicales independientes y de clase. La resistencia obrera ̧ esforzada y heroica, era ilegal y secreta, y costó muchas vidas a cada uno de esos pueblos.
En representación del emergente movimiento sindical latinoamericano, se dieron cita en la capital de Francia representantes de los trabajadores de Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala y Panamá. Vicente Lombardo Toledano, emblemática figura del movimiento obrero continental, estuvo en esa circunstancia en representación de la CTAL, la Confederación de Trabajadores de América Latina, que había surgido poco antes desde México.
No obstante, también arribaron a la antigua Lutecia, los representantes de los sindicatos de los Estados Unidos que estaban dirigidos por viejas camarillas adictas al mandato de los monopolios imperialistas. Ellos llegaron a Francia sobre todo para conocer lo que estaba naciendo y estudiar la manera de enfrentar el fenómeno, a fin de debilitar el movimiento internacional de los trabajadores y esterilizar sus luchas.
LA AGRESIÓN DE CLASE DE LOS CAPITALISTAS
Los grandes capitalistas y sus representantes políticos no podían ser ajenos a estos acontecimientos que abrían un nuevo rostro al mundo de la época. Comenzaron antes, desde que la Federación Norteamericana del Trabajo (la AFL) y el Congreso de Organizaciones Industriales (la CIO) acusaron a los sindicatos ingleses de “haber pactado con los rojos” ; pero lograron una dinámica mayor en la tarea de debilitar el esfuerzo unitario de los trabajadores, luego del ascenso de Harry Truman al gobierno de los Estados Unidos y el inicio de lo que se llamaría luego “la guerra fría” es decir, el pretexto para iniciar una ofensiva económica, política y social contra el Poder Soviético y la fuerza unitaria de los trabajadores.
Fue el Plan Marshall, la herramienta maestra usada para socavar la conciencia de clase de los trabajadores europeos y abrir un proceso de confrontación que finalmente, llevaría a la ruptura de la Unidad Sindical ya en 1949. En su momento, las fuerzas más vinculadas al gobierno de los Estados Unidos y sus mecanismos operativos plantearon la idea que el Plan Marshall era apenas una ayuda a los pueblos europeos afectados por la guerra.
Aunque la naciente FSM optó por no condenar inicialmente el Plan Marshall, dejando casi en libertad a los sindicatos de cada país para que optaran las resoluciones más apropiadas en su coyuntura, esa decisión no fue suficiente. En 1947, y bajo la influencia de Irving Brown –reconocido agente de los servicios secretos de los Estados Unidos- se promovió la formación de una nueva Central Sindical Internacional. Para este efecto, el gobierno yanqui dispuso de 1.500.000 dólares solamente para escindir a la CTAL y minar así las bases de la FSM (3)
Fue así que en el escenario de ese modo creado, en 1949 quedó constituida la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres -la CIOSL-, que pasó a ser considerada la estructura sindical más ligada al Gran Capital.
La división, sin embargo, no quedó tan sólo como un corte violento en la más alta cumbre del Poder Sindical. En cada país se constató un intenso trabajo divisionista que dio al traste con la unidad de las centrales obreras de diversos países. Así en Francia, la CGT quedó desgajada. Lo que ocurrió también con la Confederación Italiana del Trabajo -la CGIL-  En América Latina, para romper a la CTAL surgió la denominada Organización Regional Interamericana del Trabajo, -la ORIT- de funesta recordación en nuestro continente.

Continúa.

2 comentarios sobre “Cuando la historia se escribe luchando: La Federación Sindical Mundial y su perspectiva histórica. (Parte 1).

  • 3 septiembre, 2021 at 7:38 pm
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    Es necesario e imprescindible que la clase trabajadora, especialmente las y los jóvenes conozcan la historia de la FSM y del movimiento sindical clasista 🙋🏽‍♀️💪🏾😷🇵🇪

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  • 7 septiembre, 2021 at 3:31 am
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    Un saludo, a todos los trabajadores, impotantisimo este recordatorio, porque en el mundo las cosas an cambiado, y estamos pasando la estafeta a nuevas generaciones obreras, y estos devén conocer la historia de la clase trabajadora, la lucha sigue, sigue, sigue……….

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