Cuando la historia se escribe luchando: La Federación Sindical Mundial y su perspectiva histórica. (Parte 2)

Cuando la historia se escribe luchando: La Federación Sindical Mundial y su perspectiva histórica. (Parte 2).

Por: Gustavo Espinoza M. Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) (1969-1976)

 

LOS DUROS AÑOS DE LUCHA DE LA FSM 
Prácticamente desde entonces la Federación Sindical Mundial se vio atacada por dos flancos. Por un lado, la acosaron los capitalistas a través de sus instrumentos de acción. Por otro, la asediaron los sectores reformistas que, coludidos con el “sindicalismo amarillo” ofertaron sus fuerzas en beneficio de sus patronos debilitando la capacidad de acción del Sindicalismo clasista.  
La Federación Sindical Mundial mantuvo su actividad desde su sede en París hasta 1953, fecha en la que se vio forzada a cambiar su sede. Entre 1953 y 1956 funcionó en Viena, la capital de Austria; pero en 1956 trasladó su atención a Praga, donde funcionó un largo período, entre 1956 y el 2005. A partir del 2006, trabajó en Atenas.
En todos estos años, el trabajo de la FSM fue complejo, y estuvo lleno de retos. La batalla principal, en el escenario mundial, fue la lucha por la paz y contra la guerra; por la unidad, la solidaridad y hermandad entre los pueblos; por la justicia social y contra la política succionadora de los monopolios; por el fortalecimiento de los sindicatos y el respeto a las conquistas de los trabajadores y la preservación de sus derechos; por la eliminación de la explotación capitalista, el fin de los monopolios, y el reconocimiento de la soberanía de los Estados; contra el colonialismo y sus expresiones de dominio sobre pueblos y naciones; y por la integración de las poblaciones originarias y respeto a sus culturas.
La batalla contra la desocupación y el desempleo, el combate por salarios dignos y condiciones de trabajo decorosas y compatibles, la defensa de los derechos de la mujer y el niño, la defensa de los derechos humanos y la preservación de las libertades públicas y sindicales, contra la represión y la tortura, el enfrentamiento y la condena a los regímenes asesinos en diversos continente, y la solidaridad plena con los trabajadores, los campesinos y los estudiantes allí donde esta fuera indispensable, eran en cierto modo, los grandes temas que movieron a la FSM en todos estos años.
Sus dirigentes en todo este proceso, fueron Louis Saillant, Pierre Gensous, Sándor Gaspar, Enrique Pastorino, Ibrahim Zakaria y Alexander Zharikov. Ellos atendieron con responsable diligencia los temas planteados a los sindicatos en el plano internacional. Visitaron países, participaron en eventos, promovieron acciones, recibieron delegaciones, estuvieron en congresos sindicales, se pronunciaron abiertamente sobre todos los problemas.
Quienes tuvimos la ocasión de visitar la sede de la FSM en este periodo en cumplimiento de las responsabilidades sindicales que portábamos, recordamos sobre todo al francés Pierre Gensous, al húngaro Sándor Gaspar, y al sudanés Zakaria. Con ellos tuvimos la ocasión de compartir ideas entre 1969 y los años 80. Conocimos de sus preocupaciones, escuchamos sus ideas, recibimos sus consejos y opiniones y les expresamos siempre con franqueza, y de manera directa, nuestras observaciones recogidas de la lucha de los trabajadores en nuestros países.
Los dirigentes sindicales de América Latina tenemos aún en la memoria nuestros encuentros con los compañeros que atendían la región: los españoles Aparicio y Aliaga; los chilenos Juan Campos y Mario Navarro; estuvieron atentos a nuestras apreciaciones y requerimientos, y orientaron con sabiduría y criterio, el accionar de nuestras organizaciones.
La FSM jugó en Europa un papel destacado, pero proyectó su accionar en otros escenarios del planeta.  Su condena al Golpe fascista del general Suharto, que derrocara al Presidente Sukarno y desplegara una brutal ofensiva contra el pueblo Indonesio; la campaña de solidaridad con el pueblo Vietnamita en los años de guerra contra la agresión yanqui; la solidaridad con Cuba, bandera permanente de los pueblos; y la denuncia sistemática contra los planes guerreristas del Imperio, siempre fueron notables.
Los Congresos de la FSM fueron verdadera escuela para los dirigentes sindicales de todos los países. En Budapest (1969), Varna (1974) Praga (1978) La Habana (1981) fueron una inagotable fuente de propuestas e ideas que llenarn de mensajes a los trabajadores de todos los países, orientaron las luchas, diseñaron estrategias y apuntaron propuestas para avanzar en los planes más amplios.
En las Conferencias Anuales de la Organización Internacional del Trabajo, la FSM siempre estuvo presente- El compañero D’Angeli orientó las tareas, aconsejó las posiciones, coordinó las acciones con calidad y empeño.
La caída de la URSS y el desmoronamiento de los regímenes de Europa del este, constituyó un severo golpe al movimiento sindical internacional, y también a la FSM. La pérdida mayor, por cierto, es la desaparición del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos, pero también el debilitamiento de vigorosas centrales sindicales en Francia e Italia y la pérdida de posiciones de clase en las estructuras sindicales de otros países.
En unos casos la confusión jugó un papel preponderante en el debilitamiento de las estructuras sindicales en distintos países. Pero en otros, fue el trabajo del enemigo el que golpeó severamente la conciencia proletaria.

 

LA FSM EN AMERICA LATINA  
Desde los años de la CTAL, la FSM estuvo en nuestro continente. Pero brilló con luz propia en la décadas 60 y 70, cuando el influjo de la Revolución Cubana hizo carne en la región.
Gracias a la influencia de Cuba la región dejó de ser un simple granero de las grandes empresas norteamericanas y se convirtió en un verdadero campo de batalla en el que los pueblos desarrollaron numerosas acciones.
Precisamente la solidaridad con Cuba estuvo presente en el concierto continental. Pero también se abrió paso a la solidaridad con las luchas del pueblo brasileño. Eso permitió que en aquellos años se realizara un Congreso Sindical Latinoamericano en Brasil. Allí en la tarea de acumular fuerzas para forjar una Central Sindical Latino Americana, se dio paso a la formación de una oficina de coordinación y de solidaridad, que se denominó el Congreso Permanente de Unidad Sindical de los Trabajadores de América Latina -CPUSTAL- que funcionó en Chile hasta 1973, con el apoyo de los compañeros chilenos y la participación activa de dirigentes sindicales de Venezuela y Uruguay. Martin J. Ramírez, de Venezuela; y Roberto Prieto, de Uruguay; unido al chileno Héctor Santibáñez, jugaron un rol fundamental en la tarea.
Por las circunstancias vividas en el continente no resultó fácil asegurar la adhesión a la FSM de algunas centrales sindicales. La poderosa Central Única de Trabajadores de Chile –la CUT- no logró afiliarse a la FSM. Tampoco lo hizo el PIT-CNT se Uruguay. La COB de Bolivia mantuvo su neutralidad en materia de afiliación internacional. Solo la CTC de Cuba y la CGTP del Perú aseguraron su afiliación directa, lo que nos permitió, a partir de 1969 tener un puesto en el Consejo General de la FSM que fuera honrosamente cubierto por nuestro compañero Isidoro Gamarra Ramírez, Presidente de la Central Sindical peruana en ese entonces.
La CGTP del Perú. Desde su reconstitución en junio de 1968, estuvo ligada a la FSM. Se afilió a ella y coordinó tareas y eventos de significativa importancia. Por eso, valorando el papel de la FSM, en las Tesis del IV Congreso Nacional de la CGTP, celebrado en marzo de 1976, se afirma que: “Hoy, la Federación Sindical Mundial se define como una organización y de masas, y, por consiguiente, democrática. Su carácter anti capitalista y anti imperialista, hace que se coloque resueltamente al lado de los trabajadores y sus deseos de un mayor bienestar, de paz, de libertad, de democracia y de independencia nacional” (4)
No obstante, a la luz del ejemplo y el mensaje de la FSM, fue posible trabajar empeñósamente por llevar a los trabajadores el contenido general de las posiciones de la FSM en el plan mundial.
El esforzado trabajo de Lázaro Peña, en Cuba; Cruz Villegas y Hemmy Croes, en Venezuela; Pastor Pérez y Roso Osorio, en Colombia; Luis Figueroa, en Chile; Simón Reyes, en Bolivia; Luis Iguiní, en Uruguay y muchos otros compañeros en todos los países de la región, afirmó esa voluntad.
La lucha contra el fascismo, tuvo importancia especial en nuestro continente. Permitió hacer frente a la dictadura militar brasileña de Casthello Branco, que en 1964 quebró la débil democracia en ese país, derribando al gobierno de Joao Goulart; y los golpes de Junio del 73 y de septiembre del mismo año, en Uruguay y Chile, respetivamente; así como el ascenso de la cruel dictadura de Videla en Argentina desde 1976; generaron un escenario peligroso para los trabajadores y los pueblos y obligaron a los sindicatos de la región a librar luchas en las condiciones más adversas.
No ha sido fácil, sin embargo, la lucha. Con la crisis del socialismo en el escenario mundial, tomaron fuerza ciertas posiciones de corte social democrático que negaron las banderas de lucha de la FSM. Bajo el argumento de la “renovación” y la “modernización” de los sindicatos, hoy hay quienes, con el apoyo material y financiero de ONGs vinculadas a USAID, a la Social Democracia o a la Democracia Cristiana Internacional; predican teorías contrarias al sindicalismo de clase y promueven en distintos eventos un rumbo distinto al que alienta la FSM. Obsesivamente buscan alejarla de las organizaciones sindicales de la región, y aun des afiliarse de ella
Como parte de ese “mensaje” sostienen que la lucha de clases, ya no existe; que el sindicalismo moderno, no es de confrontación, sino de concertación; que no es la hora de la amenaza, sino del diálogo; que no hay que enarbolar un sindicalismo de protesta, sino de propuesta.
El hecho que en el plano internacional haya desaparecido tanto la CIOLS como la Confederación Mundial del Trabajo, de orientación Social Cristiana, y que ambas se hayan unido en una sola estructura internacional, no debe tomarse como un “paso adelante” en la concertación sindical, sino apenas como una manera de enfrentar siempre a las posiciones de clase de la FSM.
A todo esto, hay que hacerle siempre frente.

 

ANTE NUEVAS TAREAS
El nuevo siglo encontró un nuevo contexto en nuestro continente. Prácticamente desde inicio del siglo XXI, asomó la luz, una vez más en nuestro continente. En Venezuela surgió el proceso emancipador bolivariano que hoy se perfila como el más importante proceso social sudamericano. Pero en Brasil y Argentina, fuerzas progresistas amagaron el Poder Imperial. En Nicaragua, desde el 2007 retomó el gobierno el Frente Sandinista, que construye una nueva sociedad. Y hoy, se despliegan duras luchas en Ecuador, Colombia, Bolivia y Chile.
Las tareas de la FSM están planteadas. Los nuevos cuadros sindicales tienen el deber de sumar fuerzas; de unir a sectores más amplios; de ganar para la causa de los trabajadores, a los sectores medios de la población; de actualizar los programas de lucha de los trabajadores, pero manteniendo enhiestas las banderas de clase que nos legaron las viejas generaciones.
Objetivamente, en la mayoría de los países de la región, el movimiento sindical está intacto y presto a la batalla. 

 

Notas:

1) El Movimiento Obrero Internacional. Tomo 6. Editorial Progreso. Moscú 1987

2) Ruben Iscaro. Historia del Movimiento Sindical. Tomo 1.  Editorial Ciencias del Hombre. Buenos Aires. Argentina. 1973

3) Id.

4) Tesis IV Congreso CGTP. Ediciones CGTP, Lima. Marzo 1976

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