Machirulo Gate

Machirulo Gate

Imposible no haber escuchado el escándalo alrededor de Wanda, Icardi y la China Suarez. No entraremos en detalle sobre los “hechos” que se han presentado hasta el hartazgo en las últimas semanas. No sólo porque a esta altura son de público conocimiento sino porque lo realmente preocupante es el tratamiento que se ha dado a este caso en los medios de comunicación.
Por: Natalia Avalos (@nataliasudaca)

 

Hace décadas que venimos trabajando para incorporar una perspectiva de género en los discursos mediáticos para aportar a un más que necesario recambio socio cultural que habilite una sociedad más justa.
Y no se trata solo de cómo tratamos casos de violencia de género en su forma más explícita. Se trata también de como presentamos “noticias” como el infame “Wanda Gate”.
Los estereotipos ligados a la sexualidad femenina demostraron seguir intactos, incluso viniendo de figuras públicas que se presentan como feministas y paladines de la sororidad.
Ese maravilloso concepto, la sororidad, fue paradójicamente puesto al servicio de sostener la estructura patriarcal que subyuga a las mujeres. Se llegó a hablar de la falta de sororidad de la “roba maridos”. Se planteó como sorora la toma de posición tanto por una como por la otra, como si las mujeres deberíamos dividirnos frente a la única verdad: hay dos modelos de ser mujer, podés ser la santa madre de familia o podés ser la puta roba maridos.
Este discurso es un dispositivo disciplinador para todas las mujeres: “atentas, no se atrevan a demostrar deseo sexual”, es la amenaza suyacente. “Solo les compete el deseo maternal, el deseo de formar una familia con los valores que sostiene esta sociedad”. La misma sociedad que te destroza si salís de ese terrorífico guión.
Nuestros cuerpos son aún un territorio de batalla. Sobre nuestros genitales recaen los ataques más feroces, y este caso lo puso de manifiesto. Desde la planilla de Excel detallando los amantes de ella, hasta el constante amague de dar a conocer imágenes íntimas, los ataques al deseo femenino estuvieron a la orden del día.
Y lo que, por supuesto, casi no se escuchó fue un cuestionamiento al comportamiento del varón supuestamente “robado”. Nada de andarle achacando la culpa al pobre engatusado, que a fin de cuentas es presa de sus instintos.
De él, sólo se escuchó el arrepentimiento y el renovado compromiso con la familia y las buenas costumbres. Y su carrera sigue intacta.
El deseo del hombre no se pone en cuestión, simplemente se da por hecho. El deseo masculino se considera inevitable, como si fuera un poder que los supera y nubla sus decisiones. Por favor, no olvidemos que esta línea de pensamiento ha servido para justificar los abusos más atroces.
Es menester que repensemos la forma en que como sociedad, y aún más importante, como comunicadores, presentamos esta noticia. Quizás en un mundo más sano esto ni siquiera hubiera sido una noticia digna de los titulares.
Lo que hoy queremos dejar en claro es que la violencia sigue recayendo únicamente sobre el cuerpo de las mujeres. Y para evitarlo debemos generar estrategias para que la comunicación descarte los estereotipos y sume la empatía como una guía indispensable en la comunicación social.

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