El trabajo no se toca

El trabajo no se toca

Un entrevistado cuenta que a su familiar lo mandaron a trabajar en un sótano sin ventanas y con la calefacción deliberadamente alta. Esta tortura psicológica lleva a una asociación escalofriante con la llamada “Escuela Francesa” de tortura, desarrollada durante la guerra de Argelia y exportada a Latinoamérica, en la que se formaron los militares de la dictadura.

Sobre la película Retiros (in)voluntarios

Por: Alejandro “Gitano” Ulloa

 

El Gobierno oficializó a fines de junio la prórroga de la prohibición de despidos hasta el próximo 31 de diciembre: la medida se extendió en el marco de la emergencia pública en materia sanitaria. La Organización Internacional del Trabajo sostiene que “todas las partes interesadas deberían tratar de evitar o limitar en todo lo posible la terminación de la relación de trabajo por motivos económicos, tecnológicos, estructurales o análogos, sin perjuicio para el funcionamiento eficaz de la empresa, establecimiento o servicio”.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, viene reclamando que el “triple cepo” laboral no puede “ser permanente”. Funes entiende por “cepo” a la prohibición de suspensiones y despidos y a la doble indemnización. El titular de la UIA consideró que “hay que crear una nueva cultura laboral”, pero “no para afectar los derechos de quienes todavía tienen trabajos tradicionales que pueden seguir o podrán ir evolucionando”, sino para afrontar los nuevos retos. Esos retos “están ligados a los jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni buscan empleo”. Mentira, las intenciones están a la vista.
Atrás de las palabras de Funes y otros personeros comunicacionales de las empresas, incluso del rubro periodístico, se agazapa un volcán a punto de estallar. Los “inversores” esperan la oportunidad para “renovar” sus plantillas y “ajustar” sus rindes productivos, no con inversiones ni con “transformación tecnológica”, sino con más explotación. Una catarata de adjetivos le caben a este abogado trepador y alcahuete del poder, amanuense de Paolo Rocca contratado para conspirar contra los derechos de los trabajadores.
La sombra de la duda la dejó abierta Alberto en el Coloquio de Idea cuando les dijo a los empresarios que: “La prohibición de despidos y la doble indemnización no van a sostenerse en el tiempo”. El Presidente les prometió a los empresarios que esos mecanismos excepcionales serán derogados. Anunció además un decreto para facilitar la inserción laboral de los beneficiarios de planes sociales. Justo es reconocer que en esa misma línea, el presidente enfatizó para el auditorio empresario que “Necesitamos impulsar el empleo registrado”.
El dinero que Argentina debe pagar al Fondo Monetario Internacional es un problema viene atado a varios condicionantes de la entidad, entre ellos el régimen laboral de despidos y suspensiones: “Para que Argentina retome su rumbo, debe resolver definitivamente el problema de la deuda que heredamos”, aclaró Alberto.
En su oportunidad el presidente apeló: “Argentina necesita de empresarios que sean los primeros trabajadores. Sin hacer lobby y con creatividad. Sin especulación y con producción. Sin codicia y con solidaridad”. Bueno, Presidente, esa es una mercancía en falta en nuestro país.
La ley y la trampa
Ya a fines de 2020 los retiros voluntarios habían sido señalados como la variante de grandes empresas para reducir personal. Frente a la prohibición de despedir, compañías como YPF, Techint, Coca Cola, Glencore, Latam, ICBC, Metrovías y muchas otras ofrecen acuerdos mutuos o prejubilaciones. La indefensión es mayor entre los trabajadores de pymes y sectores con alta informalidad
En YPF unos 500 empleados aceptaron el retiro voluntario: apenas un 12% aceptó la oferta de doble indemnización más un plus. El costo total del plan de retiros voluntarios fue de US$85 millones, pero redundará en ahorros anuales de 50 millones en años venideros. El Grupo Techint detalló la existencia de alrededor de 300 trabajadores desvinculados por “arreglos a partir de la doble indemnización previstas por ley”. El banco ICBC lleva adelante un programa de retiros. El Galicia también. La Bancaria ha denunciado a otros bancos como el Supervielle y el Santander por tener una política agresiva para expulsar personal de planta. Sergio Palazzo denunció la desaparición de 225 sucursales y 3.000 puestos de trabajo en la búsqueda de competir con las fintech.
Para proteger el secreteo de las empresas, la Corte Suprema emitió un fallo en el que ratificó la legitimidad de la extinción del contrato de trabajo celebrada frente a escribano público, sin intervención de una autoridad administrativa o judicial. Lo que no se ve parece que no sucediera. El Gobierno sigue resistiéndose a levantar la prohibición de despedir y la doble indemnización. Si sale de golpe, va a haber una oleada de despidos”, advierten.
Los funcionarios analizan dos opciones: permitir despidos por falta de trabajo, pero manteniendo la doble indemnización; otra es partir de la doble indemnización e ir reduciendo paulatinamente el porcentaje.
Las empresas usan una política de terrorismo comercial, como en el modelo Garbarino: tiran onda de que no seguirán funcionando, que irán a la quiebra y se quedaran finalmente sin nada, o amenazan con la posibilidad de sufrir represalias Las empresas chicas usan las renuncias. “El empleador ofrece un monto de dinero y el empleador manda un telegrama, cuando los trabajadores tienen menos posibilidades de acceso a un asesoramiento hay estafas que llegan al delito alevoso”, la modalidad legal de la “renuncia” es mayoritaria, como puede observarse cada fin de mes en cualquier sucursal del Correo.
Todo Noticias, la señal de cable del Grupo Clarín, sorprendió al publicar en su sitio web una nota titulada “Cómo calcular indemnización por despido o renuncia”. “La salida de un trabajo, ya sea por despido o por renuncia, nunca es grata para una persona. Dejar lo que a uno le gusta por decisión de otro, quedarse sin trabajo y no saber cómo mantener su vida son algunas de las situaciones que se pueden vivir en estos casos. Sin embargo, no hay que dejarse llevar y hay que estar atento a reclamar la indemnización.” Una joyita de la literatura que merecería ser publicada en Izquierda Diario.
El drama de quedarse sin trabajo
Vienen por los despidos, y luego serán ataques a otras conquistas laborales. La protección social está quedando corta, es forzoso ampliarla y renovarla con medidas amplias, de corte universal.
Retiros (in)voluntarios es un documental recién estrenado de Sandra Gugliotta armado a partir de un disparador que es la muerte de un hombre de 53 años bajo las ruedas de un tren en un pequeño pueblo del este de Francia y las dudas posteriores sobre si fue un accidente o un suicidio. La directora habla con los vecinos y desconocidos, descubre que hasta no hace mucho tiempo había sido empleado de France Telecom, empresa reconocida por, entre otras cosas, haber implementado un método de reducción laboral por el cual, en lugar de echar empleados, los humillaban y ninguneaban hasta que, quebrados psicológicamente, renunciaban.
En su libro La privatización de los cuerpos(2008), el sociólogo Damián Pierbattisti investigó el proceso de privatización de la empresa ENTel en la Argentina. Los suicidios no fueron tantos como años más tarde en Francia, pero también los hubo. En la Argentina de principios de los ’90 aquella empresa, luego de su desembarco en medio de la ola privatizadora, se deshizo de miles de empleados (entre ellos el papá de Gugliotta) con métodos similares, generando suicidios y depresiones entre esas víctimas que en su mayoría no pudieron reinsertarse en el circuito laboral.
El archivo de Domingo Cavallo vanagloriándose en la privatizaciones dicen todo lo que hay decir sobre el contexto del tema. Hay huellas psicológicas, físicas y hasta espirituales, en tanto el laboral es también un ámbito de pertenencia. Los testimonios de aquellos hombres despojados de sus trabajos, en muchos casos luego de décadas de servicio, son desgarradores, aunque la directora es cuidadosa con ellos y respetuosa con el espectador. No hay golpes bajos.

 

Una lectura crítica
Un espectador crítico completa y refleja a la obra de arte en su global comprensión: Claudio Marín, secretario adjunto del gremio telefónico con larga experiencia en el duelo a muerte contra los despidos y los retiros (voluntarios o no), pinta a grandes trazos su opinión sobre el documental: “Es un intento bien intencionado de reflejar las brutales metodologías utilizadas por las patronales de las telecomunicaciones para despedir gente durante el menemato. ¿Por qué no despidieron de una y listo?”, se pregunta el dirigente. Una breve historia de aquellas privatizaciones y estas realidades se impone para entender y comprender.
La Reforma del Estado disparó el acceso a créditos baratos, casi siempre no retornables, por parte del Banco Mundial. El objetivo era para pagar las indemnizaciones por despido para racionalizar las plantillas y liquidar toda presencia estatal en empresas de gran porte.
“Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”, sentenciaba el decálogo menemista del ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi. El pasamanos de activos –desde canales de televisión hasta los recursos petroleros– se hizo a precios de liquidación. ENTel se desguaza por 120 millones de dólares al contado y 2.000 en papeles de deuda a rescatar. Una ganga.
La Empresa Nacional de Telecomunicaciones  (ENTel) fue una empresa pública argentina creada en 1946 por Juan Perón, tras la nacionalización de la Unión Telefónica, principal empresa del rubro. La dividieron en cuatro companías: Telefónica, Telecom, Estartel y Telintar
La sociedad norte (Telecom), así como la del sur (Telefónica) estaban compuestas por un banco internacional, un grupo empresario local y una operadora internacional. Cada una así y todas en la misma estructura societaria. Citibank con Raúl Moneta (en realidad el que figuró siempre fue Martín Ruete, el banquero de Carlos I de Anillaco), obtuvieron la Telefónica y la banca Morgan, con Goyo Pérez Companc, y Telecom Italia+Francia fueron por Telecom. Las otras dos empresas menores se administraron en forma compartida.
Marín es memorioso y hablando en presencia de varias personas empleadas en telefónicas recuerda: “A diferencia de los Ferrocarriles, la Entel no pudo ser vaciada de empleados como pretendían los nuevos dueños en forma previa a la entrega. El sindicato le presentó una salvaje resistencia a María Julia Alsogaray durante 45 días de conflicto. Se incomunicó al país hacia el exterior, se aisló la Casa de Gobierno y el Parlamento. Ni aun la militarización del conflicto por intermedio de la Casa Militar y un batallón de Comunicaciones pudo reconectar la salida internacional.” Nada les resultó gratis gracias a aquella gesta colectiva que frenó los planes del gobierno.
“Retrocediendo en chancletas, se avivaron de que no era entonces momento para despedir. Comenzó una política de retiros que en principio fueron realmente voluntarios. El dinero era mucho y la desocupación todavía era baja”, el contexto noventoso aún no era de salvaje desocupación, rememora el dirigente. “No eran todavía tiempos de parripollos y canchas de pádel que luego fracasarían y llevarían a miles de cuentapropistas a la miseria”, la explicación con ejemplos es más que gráfica.
“El sindicato con la conducción de Esquivel a la cabeza aconsejaba a los compañeros para que no tomaran esa opción. En el año 93 perdemos las elecciones en el gremio a manos de una lista encabezada por Julio Guillán, un dirigente combativo devenido en pro privatización”. El cambio de bando reconoce razones no siempre cercanas a la dignidad. Esta fue la etapa más negra de nuestro gremio.
“Con el triunfo de Guillán el sindicato pasó a promover los retiros cada vez menos voluntarios configurando una suerte de terrorismo de Estado donde el que te tiene que defender es el que te manda al cadalso. Muchos cuadros medios de la agrupación Marrón que comandaba el sindicato cobraban porcentajes de acuerdo a la cantidad de trabajadores de su sector que convencían para irse con el retiro. Un detalle perverso de la corrupción desmadrada: la federación asociada al menemato con Rogelio Rodríguez a la cabeza manejaba el programa de propiedad participada que valía 1.200 millones de dólares de ese momento. Los trabajadores que se retiraban debían dejar sus acciones a un precio vil que luego los dirigentes vendían en el mercado.” Un asco.

 

El sindicato es la herramienta
Marín rememora el aire fresco de la recuperación del gremio: “En 1997 volvimos con un frente de carácter defensivo donde estaban todas las agrupaciones que se manifestaran en contra de la política de Guillán y su Lista Marrón. Ganamos por 180 votos en una elección donde votaron 12.000 compañeros.” Ajustado triunfo que señalaba un difícil recorrido cuesta arriba.
Nos recibieron con 300 traslados a San Luis. Telefónica mandó telegramas y si el lunes no te presentabas incurrías en abandono de trabajo. Movilizamos con todas nuestras fuerzas obligando a que Martín Ruete se sentara a negociar y se consiguió la anulación de los telegramas.
La descripción del plan sistemático de ataque empresario es vívida: “A partir de ese momento los aprietes y retiros forzados continuaron sistemáticamente, pero siempre encontraron respuesta del gremio. Al no poder deshacerse de la gente por la tortura sicológica ambas empresas comenzaron a mandar despidos masivos sin causa. Conflicto de por medio todos esos despidos se ganaron y ni un solo de esos trabajadores quedó fuera de las companías.
La gesta alcanzó carácter de guerra de guerrillas laboral en todos los terrenos. “Como aplicaban la conciliación obligatoria desde el Ministerio de Trabajo nos las ingeniamos para tomar otras medidas fuera de la empresa. Tomamos el recinto de la Bolsa de Comercio, salimos en vivo en todas las bolsas del mundo, ocupamos las empresas asociadas Olivetti, Benetton (los tanos no entendían qué tenían que ver y les decíamos “hablá con la central porque los vamos a volver locos”) entramos a la Cancillería, bloqueamos las embajadas, entramos al ministerio de Trabajo y rompimos los cheques que las compañías tenían preparados para tentar a los despedidos.”
El derrumbe del menemato primero y de la Alianza luego fue debilitando el frente patronal: “Desde esta etapa en adelante y ya estamos hablando del 2001, nunca más existieron despidos masivos ni tortura sicológica a nuestros compañeros”. Marín y sus compañeros reflexionan sobre la validez de la resistencia. “Gran parte de esos despedidos se han jubilado en las compañías y muchos otros continúan trabajando al día de hoy”. No es poco sobrevivir a esta hecatombe empresarial que buscó liquidar los derechos de los trabajadores.

 

Hay que hacerse la película
Tratándose de un documental, uno comprende que la realidad es casi siempre obscena en todos los matices de la violencia. “Habría que contar la otra mitad de la historia en su locación argentina. En Francia pudieron. Acá no.” Lo cuenta entusiasmado Marín en su oficina del sindicato adornada por una gran foto de obreros a la hora del refrigerio descansando sobre una viga a muchos metros de altura durante la construcción de un rascacielos en Nueva York. “Todo esto no lo refleja la película que tiene excelente momentos documentales que hablan por sí y hasta detalles significativos en cuanto a la adaptación de la concepción militar del mercenario a cargo de los despidos franceses. Es lo primero que se les ocurre cuando rebuscan el manual de la metodología empresaria.
Gugliotta lo relata en su nota para Página 12:“Ese ejecutivo francés es un caso muy interesante. Un hombre que en su rol de Ejecutivo de Recursos Humanos había despedido más de mil personas y que luego deja su trabajo y se dedica a contarlo y habla de prácticas de recursos humanos que inculcan una “cultura del miedo”. Cuenta sobre su trabajo en el vocabulario de un sicario. Dice que hace el trabajo como quien acepta un contrato, mata fríamente, sin escrúpulos pero dentro de las reglas, limpio, sin remordimientos.
Gugliotta y su entrevistador de Página recorren el documental con una mirada política: “Si se dibujara una línea de puntos que lleve de Telefónica de Argentina 1990 a France Telecom 2008/2009 y de allí a los conglomerados que ambas compañías han constituido junto a empresas como Movistar, Personal, Canal 13 y Fibertel, se obtendría una hoja de una de las rutas del gran capital, en la Argentina de las últimas décadas.
SG: El caso de las telecomunicaciones es paradigmático porque se une allí una cantidad de temas que tienen que ver con la conformación y transformación del poder real de las últimas décadas. Se podrían filmar muchas películas desde distintos puntos de vista y atravesando muchos países y creo que todas serían reveladoras.”
La de Marín es una lectura sin concesiones: “La denuncia resulta imprescindible, pero si no marca devenir constituye un elemento de desánimo para la clase trabajadora. En Francia pudieron. Acá lo hicieron mientras no existió un sindicato digno de ese nombre. A partir de ahí la patronal más agresiva tuvo que retroceder a pesar de tener un marco político favorable a estas atrocidades. En este sentido la película es derrotista, imprecisa y en algunos aspectos, falaz”.
“Es un grave error no identificar nuestros triunfos. Así es como las patronales ante un aumento de salario en paritarias se apuran a decir que lo consiguieron ellas y no el gremio (¿¿??). Acá mordieron el polvo. Por favor, una película que lo refleje. Gugliotta podría filmar muchas de esas películas.” Claudio Marín aporta un remate sindical y genera el debate.

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