El tren es cultura. Parte I: De GBA a CABA, de CABA a GBA.

El tren es cultura. Parte I: De GBA a CABA, de CABA a GBA.

Históricamente el tren forma parte de un esquema poblacional que forma parte del capitalismo en expansión. Desde que surgió en Inglaterra con la primera revolución industrial, esta maquinaria ha permitido conectar localidades a distancias que para el siglo XVIII eran inimaginables de realizar en tan poco tiempo.
Por: Carolina Rodriguez (@carola.defuego)

Su expansión hacia occidente, trajo consigo el sueño del crecimiento en términos incipientemente capitalistas y gubernamentales de fines del siglo XIX. El famoso postulado de Alberdi: “Gobernar es poblar”, se hacía realidad con el tren. El avance y el crecimiento del universo ferroviario a nivel mundial, ha modificado en gran medida el territorio geográfico, y con ello el esquema de vida de las personas.
En Argentina, la llegada del tren y las construcciones de las líneas férreas a lo largo y ancho del naciente país, habilitó la inauguración de lo que llamamos “pueblos del interior”, como así también la despoblación de territorios indígenas en pos de la “civilización” – en términos sarmientistas y roquistas-.
Sin embargo, no dimensionamos la real influencia que ha tenido el tren sobre la vida de quienes existimos hoy en día y de quienes han sido nuestrxs ancestrxs más actuales. La vida de quienes transitan el recorrido de GBA a CABA, desde la zona sur, norte u oeste, se mide muchas veces en base al tren.

 

 

Ejerciendo la imaginación

Imaginemos cuando tres o cuatro generaciones hacia atrás, comenzaron a poblar la Capital Federal. Desde el casco histórico y en dirección norte, sur, y oeste, se van construyendo las primeras casas, que hoy son las conocidas zonas de Balvanera, Caballito, Almagro, San Cristobal, Palermo, etc. Dichas casas se iban construyendo en cercanías a los primeros ramales de tren que en ese momento eran el San Martín llegando hasta Puente Pacífico, y el Sarmiento que llegaba hasta Primera Junta.
Casi como un punto de irradiación, la onda expansiva de construcciones edilicias se fueron ampliando hacia el conurbano bonaerense. Para la época de la primera presidencia de Perón y en el marco de la reinvención del sistema capitalista orientado hacia el consumo

y la incorporación de la clase media al mercado consumista, se empieza a hacer realidad el sueño de la casa propia.
Sin embargo, la clase media que ahora puede tener su terreno es muy amplia, y la CABA seguía siendo para personas de clase alta. Es por ello que se extiende la línea férrea hacia el conurbano, garantizando el transporte de las personas hacia los lugares de trabajo en la Capital Federal. Siguiendo esta línea, podemos identificar en un mapa como los centros de las localidades de las regiones del conurbano se van construyendo alrededor de las estaciones de tren.
Es decir que, las construcciones de las casas, se realizan acorde a las líneas férreas, originando no sólo una nueva condición geográfica, sino también condicionando a las personas a vivir cerca del transporte que les lleve a su lugar de trabajo. Incluso actualmente, también es una condición económica pues las casas más costosas a nivel venta y alquiler, son las que están más cerca de las estaciones pues se entienden que son zonas más urbanizadas.
Otro ejercicio que podemos hacer de imaginación es pensar en la vida de cualquier trabajadxr que reside en el conourbano, y tiene que llegar a su trabajo o lugar de estudio en la capital. ¿Alguna vez nos pusimos a pensar en cuánto condiciona emocionalmente y en la práctica de vida el mero hecho de viajar en tren?
Su comienzo del día se dispone en función del horario del tren que debe tomar para llegar a tiempo a su destino. Si se cancela y llega tarde, pierde el presentismo que tanto cuidó. Sin embargo, siempre lo prefiere porque es la forma más rápida de llegar. La vuelta a casa si es posterior al último tren, se vuelve larguísima combinando al menos dos o tres colectivos para poder llegar al hogar, lo que muchas veces también, deja a las personas sin la posibilidad de asistir a ciertos lugares.
El consumo diario muchas veces se basa en lo que encontramos en los trenes: me como un pancho, una hamburguesa, un chipa, un helado, alguna empanada. Me compro la lucecita que está buenísima para el llavero y hasta me venden el auricular que se me acaba de romper. Todo lo que necesites lo tenes en un sólo lugar, y por ello también siempre son terrenos de disputa entre trabajadorxs autogestivxs, pues es un lugar de venta fácil. En pocas horas se puede generar casi el mismo dinero que lo que gana una persona en todo un día de trabajo.

En el tren vemos la historia. Vimos como el desguace de los años 90 produjo la desvalorización de los trenes y del sistema ferroviario completo, y en él también se dejó de lado a la clase trabajadora. Vimos como el no mantenimiento produjo miles de accidentes que provocaron la muerte de muchas personas.
El tren es pueblo. La clase trabajadora es la que lo puebla y la que lo copa. Cada tren tiene su lógica distinta. No es lo mismo viajar en el Roca, que en el Sarmiento o en el Mitre. Cada tren tiene su particularidad, pues también se convierte en barrio.
Arriba de cada formación se dan un universo de posibilidades. Cuántas veces nos enamoramos en un tren, cuántas veces nos hicimos conocidxs de otras personas que ni sabíamos de dónde eran, pero siempre tomaban el mismo tren, en el mismo vagón. Cuántas veces, lo corrimos, lo insultamos, lo agradecimos. Cuántas personas viven del y en el tren. Cuanto lunfardo hay dentro una sóla formación. Cuántas historias hay al mismo tiempo. Cuánta cultura hay en el tren.

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