Reprime y triunfarás: la derecha argentina en el espejo de la oposición venezolana

La política argentina ha tenido una semana intensa: la ofensiva judicial contra Cristina Fernández de Kirchner dio pie a una enorme movilización y una reacción represiva por parte del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, poniendo nuevamente de relieve las dos puntas de una línea de alta tensión política y social, que en un extremo asume la forma de la movilización callejera y del otro la de la represión. La mayoría de los analistas resaltan el hecho indudable de que Cristina sigue siendo la líder que fue, que concita adhesiones y odios, que mueve multitudes. Pero del otro lado aparece un dato tan potente como el primero: la derecha argentina sigue estando sedienta de represión y piensa que pavimenta su camino a la vuelta al gobierno.
Por: Andrés Ruggeri
 
Tenemos así un escenario en que una parte se moviliza y la otra reprime pero, paradójicamente, la que moviliza es oficialismo y la que reprime es oposición. ¿Qué podríamos esperar si fuera al revés? La respuesta la dio el expresidente Macri: lo mismo pero más rápido. En materia represiva, pegarían más y matarían más y más rápido. Pero lo notable es que logran reprimir siendo oposición, atacando a quienes, por lo menos en los papeles, tienen poder como para evitar ser reprimidos por el Estado que gobiernan o, aunque sea, administran. En las horas y días posteriores al hecho represivo más notable, el sábado pasado, fueron asomando testimonios, audios e imágenes que muestran claramente que la policía de la Ciudad usó las mismas técnicas de las que abusaron durante el gobierno de Macri, con infiltrados, provocaciones, vallados, hidrantes y toda la panoplia represiva que nos acostumbramos a ver durante esos cuatro insoportables años. No sólo eso, se tomaron la atribución de rodear la vivienda de la vicepresidenta, golpear y maltratar a su hijo, que además es diputado nacional, detener a legisladores y funcionarios y hasta poner en la mira como “un manifestante más” al gobernador de la principal provincia del país. ¿Demasiado para un gobierno local, no?
Desde este punto de vista, asistimos al espectáculo nunca visto en la Argentina contemporánea de un gobierno municipal (aunque con pretensiones) con policía propia que intenta –y logra– desafiar al Estado Nacional y usar su fuerza de seguridad para forzar una grave situación institucional con el pretexto de “las quejas de los vecinos”. Llama la atención, por contraste, la pasividad y contención de las autoridades nacionales que, quizá, evidencia una demasiado aguzada conciencia de los límites que impone el respeto a la institucionalidad. O de su debilidad. No pasa lo mismo con la derecha, evidentemente.
No es la primera vez, por supuesto, que en América Latina se usa a la policía como vanguardia de situaciones golpistas o cuasi golpistas. En Brasil ya hay toda una tradición de autoacuartelamientos y motines de las policías militarizadas de los estados (provincias). Rafael Correa en Ecuador fue víctima de un intento de golpe dado por la Policía Nacional y el golpe contra Evo Morales en 2019 tuvo su punta de lanza, también, en la policía.
Pero el ejemplo más parecido por su paralelo institucional a lo que aún se vive en el barrio de Recoleta fue el fallido golpe contra Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. La policía metropolitana, manejada por el entonces alcalde de Caracas Alfredo Peña, reprimió a los chavistas que se concentraron para defender el palacio de Miraflores. Pero además fue utilizada para crear el pretexto clave para el golpe, disparando con francotiradores a manifestantes de ambos bandos, causando cerca de 20 muertos, la mayor parte chavistas, pero también opositores. El chavismo manejaba las fuerzas armadas, la guardia nacional y otras fuerzas policiales, pero bastó una fuerza lanzada a vulnerar las reglas básicas de la legalidad y la convivencia democrática para generar una situación de no retorno.
Quizá la comparación suene exagerada, pero lo vivido el sábado solo muestra diferencias de grado y ferocidad con respecto a aquel golpe de la oposición venezolana, a la postre fallido por la reacción popular y de la parte leal a Chávez de las fuerzas armadas. El sustrato de todo esto es una derecha lanzada, no solo en la Argentina, sino en el mundo entero, a que la democracia exista solo para quienes piensan como ella. No es ningún secreto: el neoliberalismo hizo sus primeras pruebas con la dictadura pinochetista y tolera las formas de la democracia si logra imponer reaseguros para que sus programas y políticas no sean puestos en riesgo por eventuales devaneos populistas de las mayorías electorales. Prefieren gobernar por decreto, a través de resoluciones judiciales y manejar la economía a través de los organismos internacionales y los Bancos Centrales “independientes”.
Ya se lo dijeron al griego Varoufakis cuando quiso negociar la deuda griega argumentando que tenía mandato electoral para eso: no podemos hacerle caso a lo que se le ocurre votar a la gente cada dos o tres años.